Opinión

El futuro del empleo (Parte 2)

El mundo está cambiando a una velocidad nunca antes vista. La semana pasada comentaba en este mismo espacio que una persona de 90 años (i.e. que nació en 1924) ha experimentado desde el uso de carreta jalada por caballos, hasta los teléfonos “inteligentes” y las tablets.

Sin embargo, la gran velocidad a la que hoy por hoy están ocurriendo los cambios deja ver un cambio estructural profundo, que nos llevará a enfrentar una realidad muy distinta a la que nos hemos acostumbrado.

De hecho, Andrew McAfee, Director del Laboratorio de Negocios Digitales del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), califica a este fenómeno que estamos experimentando como “La segunda revolución industrial”.

En cursos de principios de economía nos enseñan que los insumos de la producción de algún bien o de la provisión de un servicio se pueden generalizar en dos: (1) Capital; y (2) Trabajo. A través de la historia, la actividad económica cada vez se ha ido sesgando hacia una mayor utilización de bienes de capital y un uso menos intensivo del trabajo.

Desde el uso de algunos instrumentos primarios para la siembra de hortalizas y granos en el periodo neolítico, hasta la utilización de cajeros automáticos y de tiendas por Internet para ver películas o “bajar” libros de manera virtual, son ejemplos de cómo el ser humano ha ido fabricando bienes o logrado ofrecer servicios haciendo un uso más intensivo del capital.

Con la velocidad con la que está avanzando la tecnología, el sesgo hacia el uso intensivo de capital está creciendo también a gran velocidad. El problema es que, al menos en el corto plazo, el uso más intensivo del capital se lleva a cabo a costa de una menor utilización de trabajo.

Cuando ocurrió la primera Revolución Industrial a finales del siglo XVIII, se desató una corriente entre algunos intelectuales de la época, preocupados porque el avance científico podría tener graves consecuencias y que las máquinas podrían ir reemplazando al ser humano.

Tal es el caso de “Frankenstein”, de Mary Shelley, o varios poemas de William Blake, por ejemplo. La versión moderna de estas críticas podrían ser películas como “Terminator” o “Robocop”, en sus múltiples zagas y remakes, entre otras. ¿Qué pasó después de la primera Revolución Industrial con la utilización del insumo trabajo? No desaparecieron los empleos.

Al contrario, se crearon fábricas, que emplearon a un sinnúmero de personas que tuvieron que abandonar el campo porque se volvió más eficiente y menos intensivo en mano de obra. i.e. muchos empleos pasaron del sector agropecuario al manufacturero, o dicho de otra forma, del primario al secundario. Lo más importante de todo es que se incrementó el estándar de vida de la humanidad.

Entonces pareciera que, si bien un uso más intensivo del capital mejora las condiciones de vida del ser humano, es sólo en el corto plazo que ocurre a costa de generación de empleos, por lo que no debemos de preocuparnos en el largo plazo. No obstante lo anterior, por un lado, el problema es que las personas tienen que comer hoy y no pueden esperar al “largo plazo”.

Por otro lado, ahora que se han podido incorporar habilidades cognitivas y de reconocimiento de patrones a “las máquinas” ¿Ocurrirá lo mismo que en la primera Revolución Industrial? Dicho de otra manera (pregunta con la que terminé la columna la semana pasada) ¿Cómo va a ser nuestra vida cuando se generalice el uso de la impresora de 3D, los artefactos voladores no tripulados o drones a nivel comercial o los autos que se manejan solos?

La pregunta incrementa su nivel de importancia, en mi opinión, al pensar en los empleos que se han perdido en los últimos años en la “cadena de valor” de las películas o libros virtuales, ahora que podemos comprarlas con solo oprimir un botón en un teléfono inteligente o una tablet.

Originalmente, una gran cantidad de personas laboraban en la impresión de libros o de reproducción de CD’s y DVD’s. Una parte de estos trabajadores llevaban a cabo el empaque y embalaje de dichos productos, también había operadores de transporte que los llevaban a las tiendas y los que trabajan en tantas tiendas de música o librerías que han cerrado, por mencionar algunos.

Estos empleos se están perdiendo (ver columna “iPayrolls”, 30 de julio, 2013). Continuará…

*Director General de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.