Opinión

El futbol, un sentimiento

“De las cosas menos importantes de la vida, el futbol es la más importante”, dijo alguien alguna vez y tiene toda la razón.

Tal vez por ello se habla tanto del Mundial, porque es algo que nos llega en lo emotivo más que casi cualquier otra actividad.

El futbol es un lenguaje universal, con el que pueden conversar de igual a igual un niño y un adulto, un rico y un pobre.

Incluso personas que hablan distinto idioma se pueden comunicar a través del futbol.

Súbase a un taxi en Roma, en El Cairo o en Berlín, y verá como sí puede hablar de las proezas de algún jugador de futbol con el chofer, aunque usted no sepa italiano, ni árabe ni alemán.

Recuerdo que en un bar de Copenhague, en 1985, una mesera escasa de atuendo supo que yo era de México y se me acercó para preguntarme “¿qué tal es ese abuelo Cruz?”. Ni ella hablaba español ni yo danés.

Entre Ramadi y Bagdad, cuando todavía explotaban minas y la gente no salía de sus casas, recién caído Sadam Husein, pude ver cascaritas de futbol en canchas improvisadas, entre niños sunitas y chiitas revueltos.

Vaya donde vaya uno encontrará a un palestino con la camiseta de Messi, a un vietnamita con la playera de la Juventus o a un libio con el 7 del Guaje Villa.

En India dicen que sólo se juega cricket, pero apenas sale uno de las ciudades y se ven los campos de futbol polvorientos sobre la tierra seca e infértil.

Nada más parecido a la tristeza es ver, en un potrero del sur de Chile, una portería solitaria bajo la lluvia.

Por esa razón, porque el futbol es universal y nos une a todos con su lenguaje común de sentimientos, es que se formulan en torno suyo tantas conjeturas que presumen ser filosóficas o sociológicas.

Es una exageración pretender ver en la cancha los atributos de un pueblo, pues de ser así los campeones mundiales serían siempre Finlandia, Suecia y Noruega, que llevan la delantera en prácticamente todos los indicadores de desarrollo.

Ninguno de esos tres países está representado en Brasil, y son campeones de las virtudes que se necesitan para triunfar en el futbol: el esfuerzo parejo, la solidaridad y el trabajo de conjunto.

Claro, con esas cualidades han logrado construir sociedades mucho más igualitarias que el resto del mundo, y no tienen equipos competitivos en la Copa FIFA.

Pero en los equipos de futbol que son de nuestra simpatía, o que nos representan como país, buscamos cierta analogía con lo que nosotros pensamos que somos. O como nos gustaría ser.

Por esa razón, creo, estamos tan contentos con el juego de la selección de Miguel Herrera. Porque va hacia adelante aunque no lo necesite. Busca ganar siempre. Con el empate ante Croacia bastaba para calificar, pero esta selección no se sabe rajar. Así nos gustaría ser.
Nos queremos ver en el primer mundo, y vamos tras Holanda, porque algo nos dice que sí se puede. O que sí queremos.

Y del otro lado están los derrotistas por naturaleza. Los que ven el fracaso como un destino inevitable y hasta una fuente de placer. Los que envidian al que triunfa, pero no quieren ser como él.

En el fondo quieren que perdamos, en el futbol y en todo lo demás, para sentirse victoriosos con la derrota y decirnos, después, “ya ven, se los dije, perdimos como siempre”.