Opinión

El Frankenstein salarial del Dr. Mancera

 
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   [Mancera llamó a unir esfuerzos para la resolución del conflicto/Cuartoscuro/Archivo]  

Miguel Ángel Mancera no sabe de economía pero sí de política. Su ambición es ser presidente y su gestión de la ciudad de México no llega al kilo. Por eso ha tenido que recurrir a otros expedientes para inflar su figura. Y encontró una riquísima veta hablando incesantemente del imperativo de decretar fortísimo aumento al salario mínimo.

Poco importa que el Frankenstein que ha armado tenga pies de barro; es un gigante visible cuyos peligros están ocultos tras una apariencia atractiva. Todos los partidos políticos se han visto obligados a seguir (al menos superficialmente) su propuesta. La “desvinculación” del salario mínimo de rubros como multas e hipotecas está por ser realidad, con un inusual voto unánime en las cámaras legislativas.

Mancera ya encabeza un coro que clama entusiasmado que el minisalario ha sido liberado de sus cadenas y está listo para levantar el vuelo.

Como tantas cuestiones que suenan atractivas y simples en economía, la idea central del doctor (en derecho) presenta ilusiones como fundamentos. Una es que siete millones de personas perciben como máximo ese salario y por ende se verán beneficiadas. Otra igualmente falsa es que un incremento sustancioso para 2016, propone 23.2 por ciento, prácticamente no tendrá efecto inflacionario. Lo que sorprende es que Mancera sea, entonces, tan modesto. ¿Por qué no reclamar un aumento de 100 por ciento, o más?

Pero si Mancera o sus asesores saben escribir (acaba de coordinar un libro al respecto), no saben sumar. De los susodichos siete millones, el Inegi establece que hay 3.1 millones que reciben una remuneración de máximo un minisalario. ¿Y los otros casi cuatro millones? Son trabajadores por cuenta propia. Por más que quiera Mancera, no se pueden autoaumentar el salario.

Pero 3.1 millones sigue siendo una cifra elevada. Ocurre que una buena parte recibe una remuneración de un patrón, pero no un salario. En total, hay alrededor de 2.1 millones de trabajadores en esa categoría.

¿Qué reciben a cambio de su trabajo? Un pago a destajo, comisiones u honorarios. Digamos, con generosidad, que quedan uno-dos millones. El detalle es que más de la mitad de ellos trabaja en la informalidad, por lo que un aumento al mínimo tampoco les beneficiaría.

Y entonces hay de 0.5 a 1.0 millones que están formalmente inscritos en el IMSS con salario mínimo. La cifra existe: son casi 524 mil personas. Pero, el detalle final: muchos están registrados con un salario mínimo, pero en realidad ganan más. O sea que a ellos tampoco les beneficiaría. La propuesta mancerista pasa de siete millones a pocos cientos de miles (si acaso).

¿Y lo de la inflación? Esperar que las revisiones contractuales no se verán influidas por el aumento a los mínimos es tan ilusorio como los susodichos siete millones. Y este Frankenstein lo propone Mancera justo cuando la inflación está claramente bajo control.

La Comisión Nacional de los Salarios Mínimos tiene una tarea políticamente ingrata pero ineludible: no permitir que el monstruo de Mancera cobre vida.

Twitter: @econokafka

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