Opinión

El fracking no contamina, según estudio preliminar


 
La semana pasada el Departamento de Energía de Estados Unidos dio un espaldarazo al cabildo del combustible fósil, al presentar un estudio preliminar que descarta la contaminación de los mantos freáticos a consecuencia de los químicos que se utilizan en el fracking o fractura hidráulica, la novedosa técnica empleada para extraer gas y petróleo de la roca (esquisto) en el subsuelo, responsable del auge energético que disfruta el país.
 
 
Después de un año de observación en un yacimiento de gas natural del oeste de Pennsylvania, una de las entidades que permiten a EU rivalizar con Arabia Saudita, Rusia y Canadá en la producción de hidrocarburos, científicos del Departamento de Energía manifestaron que no encontraron evidencias de que la inyección a presión de miles de toneladas de agua y compuestos químicos —cuya fórmula es un 'secreto industrial' para las empresas involucradas— envenene los acuíferos que consumen los habitantes de una amplia zona, Marcellus Shale, que se extiende hasta Nueva York, Ohio y Virginia Occidental.
 
 
“Los fluídos que se emplean para liberar el gas atrapado a casi 2,500 metros de profundidad permanecen por debajo de las áreas superficiales que suministran agua potable”, señaló el geólogo Richard Hammack, coordinador de Monitoreo de Sistemas Naturales en el Laboratorio de Tecnología del Departamento de Energía.
 
 
Optimismo
 
Tras el análisis, las firmas que participan en el desarrollo de las reservas, agrupadas en la Coalición Marcellus Shale, no vacilaron en recalcar que se trata de 'grandes noticias'.
 
 
Kathryn Klaber, su ejecutiva en jefe, aseguró que “es importante que sigamos buscando sociedades que puedan estudiar estos temas e informar al público de sus hallazgos”.
 
 
Sin embargo, apenas en junio de 2012, expone GeoSpace, el mismo Hammack puntualizó en una conferencia organizada por el Capitolio y el Servicio Geológico que “hay cambios adversos que ocurren con la fractura hidráulica y parte de nuestro trabajo es encontrar las formas de mitigarlos, a través de diferentes métodos de operación o bien con el desarrollo de tecnologías nuevas y mejores”.
 
 
En contraste con la posición que ahora defiende Hammack, evaluaciones de la Universidad Duke en la misma región hallaron concentraciones de metano 23 veces más elevadas de lo normal en casi 140 pozos que abastecen de agua potable al noreste de Pennsylvania y el sur de Nueva York. Eso, sin contar los movimientos sísmicos que genera el agua empleada en la extracción, que vuelve a ser inyectada en pozos vecinos, ya que su alto grado de contaminación impide que sea reciclada con fines domésticos o productivos. El debate continúa, por encima de intereses económicos multimillonarios.