Opinión

El fracaso de nuestra productividad


 
La economía mexicana ha fracasado en una de sus tareas fundamentales: elevar su productividad.
 
Hace unos cuantos días, el INEGI presentó por primera vez su indicador de productividad laboral para el conjunto de la economía.
 
Durante el periodo de 7 años reportado por el Instituto, de 2005 a 2012, nuestra productividad como país creció sólo 2.9%, lo que significa una tasa anual de 0.4% en promedio.
 
El PIB en su conjunto creció 16.6% en ese lapso y la población ocupada lo hizo en 13.3%.
 
La productividad laboral no es otra cosa que el PIB generado por cada persona ocupada en México.
 
Esto quiere decir que durante los últimos años nuestra economía creció principalmente por efecto del aumento del número de personas que trabajan y no por el hecho de que cada individuo ocupado genere más valor.
 
La Secretaría de Hacienda ha hecho estimados para la productividad laboral en un periodo más largo, desde 1980 hasta 2011, y el resultado obtenido arroja incluso una caída de 0.7% en promedio cada año.
 
Sin embargo, el dato global oculta las profundas diferencias que existen en nuestro sector productivo.
 
A diferencia de lo que sucedió con el conjunto de la economía, la productividad laboral en las manufacturas creció 8.9% en el periodo analizado; o sea, 3 veces más.
 
Y, por ejemplo, en el caso de la industria automotriz, la productividad tuvo un alza de 17.9%; ¡seis veces más que en el conjunto de la economía!
 
El contraste lo vemos en el sector terciario, que comprende comercio y servicios.
 
En este caso, en los 7 años analizados hubo un decrecimiento de 0.6%.
 
Debido a que este sector es el principal empleador del país, su estancamiento le pega al resultado de toda la economía.
 
En el comercio y los servicios encontramos millones de unidades económicas que tienen menos de cinco trabajadores, y en muchos casos operan en la informalidad.
 
La única manera de aumentar la productividad de nuestra economía es propiciando que más y más personas laboren en los sectores en los que los volúmenes de producción son más altos y también las remuneraciones.
 
Eso sólo se podrá lograr si las pequeñas y medianas empresas se modernizan.
 
Es muy buena noticia para el país que una armadora automotriz abra una nueva planta, pero puede ser mucho más relevante que haya 50 o cien pequeñas empresas que inviertan cien mil pesos, cada una, en comprar un equipo mejor.
 
Con frecuencia se habla de que el crecimiento sostenido de la economía mexicana se va a conseguir si se llevan a efecto reformas como las de telecomunicaciones o la energética.
 
Sin duda van a ser muy importantes, pero la reforma que realmente cambiaría el rostro de la economía en un lustro sería la que permitiera -por ejemplo- que cada año 100,000  pequeñas y medianas empresas subieran un escalón en los niveles de productividad.
 
Y eso requiere no sólo que haga muy bien su trabajo el Instituto del Emprendedor que se ha creado en esta administración, sino que se genere un cambio cultural empujado desde el gobierno, el sector privado, los medios, la academia, que visualice a la modernización de las Pymes como el asunto estratégico de México en esta década.
 
El último mes
 
Hoy comienza el último mes del periodo ordinario de sesiones del Congreso y en él vamos a ver una interesante batalla.
 
Los senadores panistas y algunos perredistas, a quienes no convence la reforma constitucional a las telecomunicaciones, van a hacer todo lo posible por cambiarla y otro grupo formado por el PRI, una parte del PRD y algunos panistas cercanos a Madero, van a empujar para que se concrete en los términos acordados por los diputados.
 
Una parte de esa batalla en realidad va a ser finalmente la disputa por el control del PAN. Ya lo verá.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx