Opinión

El financiamiento público y el multipartidismo

¿Cuándo se puede decir que son muchos, y cuándo se puede decir que su número es razonable? ¿Cuándo procede aplicar el dicho aquel de que “eran muchos y parió la abuela”? Para el caso, probablemente cuando su número es de siete. Justo el número de partidos políticos nacionales con registro que había hasta antes de la nueva camada. Al parir la abuela se agregaron tres. Así es que ahora suman diez.

Según la muy conocida teoría elaborada hace seis décadas por Maurice Duverger, cuando el régimen electoral es de mayorías, éste tiende a crear un sistema bipartidista. Es decir, cuando al elegirse los miembros de un cuerpo colegiado (parlamento, legislatura, ayuntamiento, congreso) por cada demarcación sólo un candidato o planilla de candidatos gana, naturalmente el o la que más votos alcanza, la tendencia es hacia la conformación de un sistema de dos partidos. El ejemplo clásico es el de los Estados Unidos.

Si el régimen es radicalmente distinto, es decir, cuando no sólo uno gana y todos los demás pierden sino que en mayor o menor medida todos ganan, como es el caso de los regímenes electorales de representación proporcional, entonces el sistema tiende hacia el pluripartidismo. Como lo indica la expresión “representación proporcional”, cada partido queda representado en el órgano colegiado a elegir según la proporción de los votos que obtenga. Surge entonces con toda naturalidad, como es lógico suponer, una tendencia hacia el pluripartidismo.

Ente estos dos extremos, ¿dónde se ubica el régimen electoral mexicano? En sentido estricto en ninguno, porque es una combinación de ambos. La mayor parte de los cargos de los cuerpos colegiados se elige de acuerdo al sistema de mayoría relativa. En el caso de la Cámara de Diputados los miembros de ésta que tienen tal origen representan las tres quintas partes del total de 500 diputados. Y los otros 200 se designan conforme al principio de representación proporcional. Proporciones más o menos similares, si bien no uniformes, se presentan en la conformación del Senado, las legislaturas y los ayuntamientos de todo el país

El régimen electoral mexicano es pues mixto. Aunque con preponderancia de la parte que corresponde al principio mayoritario. En consecuencia, en los términos de la teoría de Duverger carece de la condición para tender hacia un sistema de dos partidos, como el norteamericano. Ahora bien, como la parte que se rige por el principio de la representación proporcional no es la más importante, tampoco el sistema mexicano reúne la condición para derivar hacia el multipartidismo.

¿Qué es lo que debe haber entre dos y muchos? ¿Tres, diez, veinte? Difícil de determinar. Aquí es el momento de convocar a otro gran estudioso del tema, el politólogo italiano Giovanni Sartori, autor del libro clásico Partidos y sistema de partidos, del que sólo publicó el primer tomo, porque el segundo ya listo el “manuscrito”, como antes se decía de la versión final que iba a la imprenta, le fue robado al autor. Qué caso tan lamentable, cientos de horas de trabajo de investigación, estudio y redacción literalmente perdidas y todo parece indicar que para siempre.

Pues bien, en lo que sí alcanzó a publicar Sartori sobre el tema –aunque debe aclararse que no comparte al cien la teoría de Duverger- dice que el régimen electoral mexicano da para un sistema de cuatro a seis partidos políticos. Cabe en consecuencia preguntarse ¿por qué ahora, en la antesala de una elección federal, tenemos diez? Como la diferencia entre seis y diez no es poca, procede plantearse cómo y en qué falló el análisis sartoriano.

Luego de que han pasado más de dos décadas desde que aquél fue elaborado, hay un elemento que aunque entonces ya existía no tenía las dimensiones que poco después alcanzó: el generosísimo financiamiento público que el Estado canaliza a los partidos, como quizá en ningún otro país, tema que vale la pena abordar en una entrega por separado. El hecho es que se ha convertido en un incentivo perverso que es necesario corregir, aun a contrapelo de todos los partidos.