Opinión

El fin del PSOE

   
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El Partido Socialista Obrero Español obtuvo 98 por ciento de los votos (PSOE)

Este fin de semana el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) vivió una jornada autodestructiva producto de la incapacidad de su líder hasta entonces, Pedro Sánchez. De buena figura, pero poca capacidad, Sánchez logró perder las elecciones generales y locales más recientes.

Usted recordará que ha habido dos elecciones generales en España en el último año. En las primeras, no le alcanzó al PP para formar gobierno en alianza con Ciudadanos, pero tampoco al PSOE en alianza con Podemos. Hubo entonces una segunda elección, en donde Podemos se asoció con Izquierda Unida, esperando sumar suficientes votos como para lograr hacer gobierno con el PSOE, pero en una posición de fuerza que le permitiera a Pablo Iglesias, líder de Podemos, desplazar con facilidad a Sánchez. No les salió bien, y en esa segunda elección la alianza Podemos+IU obtuvo los mismos votos que Podemos, solo, en la primera.

Entonces se les ocurrió la brillante idea de forzar a una tercera elección, impidiendo la formación de gobierno nuevamente. Para el PSOE, sin embargo, eso no parecía tan buena opción, puesto que entre la primera y segunda perdieron votos. De hecho, Pedro Sánchez debía haber renunciado después de esa segunda elección, pero no lo hizo. Hace un par de semanas, en las elecciones regionales de Galicia y Cataluña, el PSOE sufrió una derrota monumental. Pero ni aun así quiso Pedro irse, de forma que vino la rebelión al interior del partido. Más de la mitad de los integrantes de la directiva del partido renunciaron, argumentando que con ello desaparecía la dirección del partido y había que llamar a un congreso. Sánchez afirmaba que eso no podía ser e intentó, este sábado, forzar a una votación controlada por él. Hubo casi una batalla campal, hasta que la fuerza de Andalucía (el gran bastión del PSOE) obligó a Sánchez a dimitir. Lo que viene no está del todo claro, pero es muy probable que decidan permitir al PP formar gobierno, y empezar la reconstrucción del partido, deshaciéndose de las rémoras de Podemos.

Obviamente, los podemitas se lamentan, porque dependían del PSOE para llegar al gobierno. Ellos solos no tienen la fuerza suficiente, y los gobiernos locales que han ganado parece ser que les generarán más bien animadversión de los votantes. Desde Podemos e Izquierda Unida hubo gran apoyo a Sánchez, tanto en redes sociales como a las puertas de la reunión de la dirigencia. Perdieron.

Aunque los detalles cambian, el fondo es el mismo: se derrumban las opciones tradicionales de izquierda y derecha, y no hay claridad en lo que sigue. Crecen las versiones populistas en ambos lados del espectro. En la izquierda, Podemos intenta comerse al PSOE como Syriza logró hacerlo con el PASOK en Grecia. En la derecha, crecen populismos como el UKIP, Alternativa por Alemania, Frente Nacional. No parece que los votantes quieran estas opciones, pero tampoco quieren a los viejos partidos.

Insistiré en que estamos viviendo un momento de transformación muy profundo, en el que la dicotomía izquierda y derecha deja de tener sentido, y en donde aparece una gran dispersión de temas, asociados a pequeños grupos bien organizados, que sin embargo no alcanzan a ser opción electoral. Los seguidores de esos grupos buscan algo de qué sostenerse, y algunos caen en el espacio de la demagogia. Donald Trump es un excelente ejemplo: suma a decenas de grupos con intereses distintos, porque a cada uno le ofrece lo que pide, aunque eso lo lleve a ser totalmente incongruente.

La política está cambiando, y los que tarden en entender, desaparecerán.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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