Opinión

El fin del petróleo

  
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Un trabajador de  Lukoil en Rusia. (Reuters)

En abril la producción de petróleo de México fue inferior a 2.2 millones de barriles diarios (mbd) por primera vez desde inicios de los años ochenta. Con la única salvedad de octubre de 1995, cuando un huracán impidió producir en la sonda de Campeche, no habíamos tenido una producción tan baja en cerca de 35 años. La causa, como usted sabe, es el agotamiento de Cantarell, el segundo manto más grande del mundo, que descubrimos en Campeche hace cuarenta años, y que ya nos acabamos.

El campo llamado Akal, que es el campo original de Cantarell, llegó a producir, por sí solo, poco más de 2.1 millones de barriles al día (en diciembre de 2013). En este abril, apenas alcanzó a producir un poco más de 70 mil barriles diarios. La región Marina Noreste, donde está Cantarell junto con Ku-Maloob-Zaap, el activo estrella actual, también llegó a su menor producción en décadas, con menos de 1.07 mbd. La gran caída de producción, sumada al precio bajo del petróleo, ha significado una tragedia para Campeche y Tabasco, los dos estados que más dependen del petróleo. A nivel nacional, el golpe ha resultado menor gracias a la reforma fiscal que tantas críticas recibió. Se entiende, porque nadie quiere pagar impuestos, pero si no fuese por el incremento en recaudación que produjo, las finanzas públicas estarían en serios problemas. Hay dificultades, pero nada insalvable.

La menor producción de petróleo en México no es un asunto que se vaya a resolver pronto. Los viejos campos se agotan, y no hay muchos nuevos que puedan compensar la caída. El experimento de Chicontepec, que criticamos hace unos años, efectivamente resultó en un fracaso por las dificultades del terreno, que obligan a tener muchos campos de muy baja producción y alto costo. Cuando estábamos con precios moderadamente altos, Chicontepec era una mala idea. Con los precios actuales, es un absurdo.

Por otra parte, reitero la observación de que el consumo de petróleo está disminuyendo. En prácticamente todos los países industrializados (o ricos, como les quiera decir) consumen menos energía por cada unidad de PIB producida. El ritmo de incremento en la eficiencia ronda 2.0 por ciento anual, de forma que si el crecimiento de la economía es inferior a esa cifra, el consumo total de energéticos se reduce. Si además, como ha ocurrido recientemente, hay otros energéticos disponibles, como el gas, el consumo de petróleo se reduce. Esto no era evidente porque China, aunque se ha ido haciendo eficiente, sigue siendo un país que requiere mucha energía para producir, y su elevado crecimiento económico se traducía en una demanda creciente de petróleo, carbón y gas. El resultado eran los elevados precios que tuvimos hasta 2008.

Pero China no crece, por más que sigan publicando cifras de 6.0 por ciento o más. Y sin ese crecimiento, la demanda mundial de energía no crece, mientras la oferta sí lo hizo, especialmente por la tecnología estadounidense. Por eso ahora los precios están tan bajos, y todo indica que así seguirán por mucho tiempo.

Adicionalmente, es de esperarse que el transporte, que es el gran consumidor de petróleo, se modifique de forma significativa en los próximos años, también debido al cambio tecnológico: los autos eléctricos finalmente son atractivos, y pronto serán accesibles; de forma simultánea, empezarán a circular los verdaderos 'automóviles', los que no necesitan un conductor. El impacto conjunto, eléctricos y autónomos, implicará una reducción en el consumo de gasolina de la mitad, en una o dos décadas: 20 millones de barriles diarios menos, a nivel global.

A veces parece que nada cambia, pero vivimos transformaciones profundas, y muy aceleradas.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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