Opinión

El fin del mundo

10 noviembre 2016 5:0
 
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Paisaje.

A mi madre

En El rayo verde, novela de Julio Verne, Helena Campbell, dividida entre el amor de un científico maduro y el de joven pintor, decide que sólo se casará después de haber visto el rayo verde, fenómeno óptico donde los últimos rayos del sol en el paisaje se vuelven verdes, y que requiere de circunstancias atmosféricas muy específicas. De acuerdo a las leyendas escocesas, este rayo permite a los pocos que lo ven, alcanzar una total claridad. Esta novela cuyo título la artista Tacita Dean (Canterbury, Inglaterra 1965) retomó para uno de sus videos, también encierra algunos de los temas recurrentes en su obra, a saber el viaje, la poesía, los conocimientos científicos, y que combina constantemente para trastocar nuestra burda noción del tiempo y de la realidad.

Conozco la obra de esta gran artista desde hace tiempo. La primera vez que vi el trabajo de Dean fue en 1998, en la Tate Britain, como parte de la nominación al premio Turner donde también se presentaban los trabajos de otros cuatro artistas nominados, y aunque no obtuvo el premio, el único que recuerdo es el de ella. Se trataba de una serie de documentos áridos acerca de unos “dobladores” de sonido de cine, personas que hacían los efectos, y los objetos que utilizaban ya sea para crear viento, un rayo, un suspiro.

Más tarde adquirí para la colección Jumex Green Ray video filmado en 16mm durante un viaje a Madagascar, y donde la artista logra captar el famoso rayo verde que describe la novela. Ahora que la imagen se ha convertido en el medio de la acción, de la propaganda, de la manipulación política, de la superchería, Dean crea imágenes que parece hemos visto con anterioridad pero que fuerzan al espectador a detenerse, y nos ofrecen una contemplación que es una verdadera indulgencia. “No creo que ralentizo el tiempo, sino que se lo pido a la gente. El arte nos vuelve conscientes del tiempo y del espacio que ocupamos”.

Tacita Dean, viajera infatigable, sigue la peregrinaciones de otros artistas en busca de su luz verde. En 1947, Marcel Duchamp realizó una instalación para la exposición mundial surrealista de una vista marina oblicua, en contradicción con un mar en calma, de donde se desprendía un halo de luz verde. En 1990 Peter Fischli y David Weiss produjeron una escultura donde un tornamesa con un vaso de plástico transparente daba vueltas, alumbrado por una linterna verde, que generaban una proyección casi hipnótica, a partir de materiales comunes.

Tacita Dean domina una gran cantidad de medios, que incluye, el dibujo, la foto, las instalaciones, y las películas, y con la tenacidad de un científico y la nostalgia de un poeta, nos ofrece en su obra la topología de un mundo que desaparece. Y en estos tiempos tristes y turbios, los artistas nos fuerzan a ver más allá del fin del mundo que nos presenta la política, donde lo bueno permanece, como una pulsación en el horizonte, y que recordaremos en cada viento, en cada rayo, en cada suspiro.

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