Opinión

El fin del bipartidismo
en Francia

    
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Francia

Es el turno de Francia. Este domingo 23 los ciudadanos saldrán a votar en una primera vuelta por su próximo presidente. Hay once candidatos de los cuales dos pasarán a la segunda ronda. Es una carrera de cuatro: Marine Le Pen (extrema derecha), Emmanuel Macron (centro), François Fillon (derecha) y Jean-Luc Mélenchon (extrema izquierda). Están casi empatados en las encuestas, sin embargo, 40 por ciento del electorado aún se declara indeciso y 30 por ciento no está seguro de votar en la primera vuelta. Esta fragmentación del sistema político ocurre en una economía estancada (con una tasa de crecimiento anual casi nula, de uno por ciento en los últimos cuatro años), un sistema social que urge reformar, y bajo continuas amenazas terroristas.

En estas elecciones dos de los candidatos punteros –Macron y Mélenchon– aparecieron en una etapa avanzada de la competencia. Atrás se ha quedado el bipartidismo entre la derecha gaullista y la izquierda socialista. En este proceso electoral, Fillon, el candidato conservador que parecía el ganador, ha perdido terreno por las acusaciones de nepotismo. Benoît Hamon, el socialista, no ha logrado remontar y se encuentra en un distante quinto lugar.

Por otra parte, Marine Le Pen proyecta una cara menos estridente y radical que la de su padre, asociado con el pasado colonial, el racismo y el antisemitismo franceses. Su discurso proteccionista se parece al de Trump, al acusar a la mundialización y a la integración europea de provocar la pérdida de la grandeza de Francia. Le Pen, de llegar al poder, convocaría a un referéndum sobre la pertenencia de Francia a la Unión Europea (UE), reinstauraría el franco como moneda y establecería mayores controles migratorios. Por lo anterior, goza de las simpatías de obreros que han padecido la desindustrialización, de los agricultores recelosos de la clase política de siempre y de beneficiarios del estado de bienestar, preocupados por mantener sus privilegios sin concederlos a nuevos ciudadanos de otros orígenes y credos. Esta base electoral sólida, inusitada en la extrema derecha francesa, es su principal fuerza.

Por su parte, Macron proyecta una imagen de renovación de los cuadros políticos del país. Es un hombre joven de 39 años, formado en la Escuela Nacional de Administración, con experiencia en la banca y como ministro de Economía de François Hollande, pero que se ha desmarcado del partido en el poder. Su proyecto ¡En marcha! se parece más a una startup que a un grupo político tradicional en sus virtudes y en sus defectos. Cuenta con más de 200 mil simpatizantes, sobre todo jóvenes que participan por primera vez en una elección.

Sin embargo, su indefinición ideológica y su pragmatismo confunde a los electores indecisos. A veces parece cercano a la izquierda, a veces se acerca más a la derecha liberal. Respalda una economía y una sociedad globalizada: es partidario de profundizar la integración europea, establecer un mercado común de la energía y respalda reformas económicas y posiciones liberales en cuanto al matrimonio igualitario y la inmigración de otros países de Europa y del Magreb.

Mélenchon, antiguo militante socialista, se convirtió en la estrella en ascenso de los últimos sondeos; podría remontar aún más. Mélenchon denuncia la globalización, la austeridad y la ortodoxia fiscal, lo que hace que lo tachen de 'Chávez' o de 'Sanders' según las simpatías personales. Aunque se encuentra en las antípodas ideológicas de Le Pen, coincide con ella en mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y en denunciar la adhesión a la UE. Incluso va más lejos al insinuar que Francia podría abandonar la OTAN y la OMC.

Estas elecciones serán el punto de quiebre de la Quinta República. En el momento actual no puede descartarse una segunda vuelta en la que se enfrenten los extremos, entre Le Pen y Mélenchon, lo que sería la pesadilla de los mercados financieros (por la posible salida del euro, el aumento de la deuda pública y de la inflación). De manera mucho más marcada que en el pasado reciente, los candidatos moderados necesitan contar con el respaldo de su electorado tradicional. En medio de la insatisfacción de los ciudadanos franceses con la democracia y la recesión, está en juego el futuro del país y del modelo de integración de la Unión Europea para los siguientes decenios.

Twitter: @lourdesaranda

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