Opinión

El fin de los partidos

 
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Módulo especial spots de partidos políticos

Para nadie es un secreto la crisis de prestigio, reputación y credibilidad que sufren los partidos políticos en México. Los llamados tres “grandes” (PRI, PAN, PRD) en donde el PRD hace esfuerzos inauditos por permanecer, han perdido la capacidad de ilusionar o esperanzar a electores. Se han distanciado del ciudadano, han sido incapaces de convertir sus promesas de campaña en realidades concretas y mejoras de vida para sus seguidores. Unos más otros menos, estas fuerzas políticas han transmitido de forma inequívoca el mensaje de que “lo importante es llegar al poder” no el ideario, ni el pensamiento político o la fidelidad a sus principios.

Los partidos en general, se han convertido en una maquinaria flexible y adaptable para concursar por puestos de elección popular, construyendo alianzas o posturas a partir de las necesidades del momento.

Si hablamos de los partidos “menores” por su tamaño –en algunos casos crecientes– o por su antigüedad –en otros casos muy reciente– a pesar de que su sello de arranque ha sido la “diferenciación” de los otros partidos, de fondo son percibidos como “lo mismo”. Aquella frase histórica y potente del eterno candidato Vicente Fox “más de lo mismo”, se aplica hoy con extrema cercanía a los partidos políticos. Tal vez sea Morena el que se distingue, por el único hecho de ser una fuerza política diseñada y construida a imagen y semejanza de un personaje. Si Andrés Manuel faltara –Dios no lo permita– es difícil imaginar la sobrevivencia de ese partido sin su líder, gurú, profeta y caudillo.

La crisis de los partidos es genérica y extendida, no es exclusiva de México sino que abarca a otros países como España y muy cercanamente a Argentina. Los partidos se han convertido en aparatos de control político, de postulación de candidatos, de administración de aspirantes. Han dejado de ser movimientos sociales y políticos generadores de ideas, edificadores de soluciones sociales y económicas, productores de proyectos de país.

El surgimiento con fuerza y esperanza de los candidatos independientes, de los “sin partido”, representan para México una moneda en el aire. Jaime Rodríguez El Bronco en Nuevo León –el más emblemático– tendrá que demostrar que los 33 años de militancia priista lo marcaron, pero no lo definieron o no lo determinaron. Tiene aún el beneficio de la duda, pero tendrá que probar en los hechos que no es “más de los mismo”.

Más de lo mismo significa encubridor, significa coludido con la partidocracia y la clase política que se protege sin importar colores ni militancia. Más de lo mismo significa ineficiente, irresponsable, con gastos superfluos en banalidades y excesos vanidosos de los gobernadores. Más de lo mismo significa corrupto, significa no declarar 3 de 3, no transparentar patrimonio e intereses con empresas y compadres que se convierten a la postre en proveedores de sus administraciones.

Resulta inexplicable que el PAN exprese respaldo a las candidaturas independientes –un contrasentido para un partido político– cuando su gobernador favorito y líder en la carrera por la candidatura presidencial Rafael Moreno Valle (Puebla) impone medidas absurdas y retardatarias para impedir la llegada de candidatos independientes.

El PRD enfrenta una profunda crisis interna, de identidad, de proyecto, pero también de colusión con intereses y apego estrecho al presupuesto. El PAN ha transitado a la nueva dirigencia con relativa facilidad, en espera de relanzarse a una nueva etapa de postulados y premisas. El PRI se regodea en el ejercicio del poder, en el conocimiento del aparato electoral, en el colmillo afilado de la victoria controlada, operada, bien calada.

No hay alternativas, el ciudadano está indefenso ante los retos sociales que presenta el nuevo siglo, abandonado ante las respuestas torpes, incompletas, las promesas abundantes y la incapacidad de transformación y renovación.

El fin de los partidos políticos se expresa en una sentencia adelantada del ciudadano frustrado, harto, enojado, que rechaza con su abstencionismo, la elección del “más de lo mismo”.

Twitter: @LKourchenko

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