Opinión

¿El fin de la globalización?

 
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Contenedor.(Agencias)

A partir de la Gran Recesión de 2008 se han recrudecido las voces, especialmente en los países desarrollados, que rechazan la globalización. Si bien hasta ahora sólo se ha observado cierta desaceleración de los flujos internacionales de intercambio, no puede excluirse una reversión de esa corriente. Sus resultados serían muy negativos para la economía mundial.

La globalización, entendida como la creciente interdependencia de las naciones en términos de comercio, capital y trabajo, ha propiciado un gran progreso en cuanto al crecimiento económico y la reducción de la pobreza. En la historia moderna, pueden distinguirse dos grandes eras.

La primera, que va de mediados del siglo XIX hasta principios del siguiente, tuvo como detonador la decisión del Reino Unido en 1846 de abolir las leyes que prohibían la importación de granos, como medida para aliviar la hambruna que sufría Irlanda. Otras naciones siguieron ese ejemplo reduciendo sus obstáculos al comercio y muchas adoptaron políticas migratorias liberales.

La mayor libertad permitió la diseminación de los avances de la Revolución Industrial, facilitada por los menores costos de transporte y comunicaciones. El comercio, los flujos de capital y la migración se expandieron y el dinamismo promedio anual del producto global por habitante más que se duplicó. La apertura permitió reducir las brechas de ingreso entre las naciones que participaron, destacando el desarrollo espectacular de Japón y Argentina.

La segunda época, que abarca desde la mitad del siglo XX hasta nuestros días, ha estado caracterizada por una disminución casi continua de obstáculos arancelarios y no arancelarios entre un número cada vez mayor de economías, bajo los auspicios del GATT, hoy OMC.

Adicionalmente, se multiplicaron los acuerdos regionales de comercio e inversión, destacando la Unión Europea con libre circulación de mercancías, capitales y personas entre sus países miembros.

La progresiva apertura alcanzó a la antigua Unión Soviética, así como a las naciones que por largo tiempo se mantuvieron aisladas, como China e India. La globalización y los avances tecnológicos han generado una prosperidad sin precedentes. Tal vez el mejor indicador de progreso sea la disminución sustancial de los niveles de pobreza y de la desigualdad del ingreso por persona en el mundo, midiendo esta última sin considerar las nacionalidades.

Ambas épocas ponen de manifiesto que la globalización depende de las decisiones de política gubernamental. Éstas, sin embargo, pueden revertirse, como ocurrió en el periodo entre las dos guerras mundiales, afectado por movimientos políticos nacionalistas y la falta de cooperación económica internacional. El ambiente de hostilidad propició la reducción abrupta de los flujos de capital y del comercio.

Durante ese lapso, el mundo vivió el más dramático retroceso económico de la historia moderna. La Gran Depresión originada por errores de política monetaria en Estados Unidos, se prolongó durante los años treinta en gran parte por la adopción de medidas proteccionistas en ese y otros países, lo que incrementó sustancialmente el desempleo y la pobreza.

En las décadas recientes ha sido frecuente presenciar protestas contra los daños supuestos o reales de la globalización. Si bien algunos señalamientos carecen de validez, otros reflejan los efectos de la competencia internacional y, principalmente, de los cambios tecnológicos sobre algunas minorías. En la adopción de formas más eficientes de producción, algunos individuos son desplazados, especialmente los que no tienen un elevado nivel educativo y de capacidades.

Si bien la globalización tarde o temprano beneficia a toda la población, su disrupción y la de la tecnología suelen ampliar las brechas de ingreso dentro de los países. Como no es fácil ir en contra de los avances tecnológicos, la opción más socorrida ha sido denostar la apertura.

El escepticismo sobre la globalización perece haber aumentado desde la Gran Recesión, a partir de la cual se ha reducido el dinamismo de los flujos internacionales, especialmente los de comercio. Hasta ahora no es claro si estas tendencias son parte de las secuelas de la crisis financiera global o principalmente reflejan algunas medidas proteccionistas.

Como quiera que sea, existe el riesgo de que las actuales posturas antiglobalizadoras en Estados Unidos y algunos países de Europa marquen el inicio de una era de orientación hacia adentro. Una reversión de la globalización causaría un grave retroceso económico mundial, al inhibir el crecimiento de la productividad.

Manuel Sánchez González es exsubgobernador del Banco de México y profesor de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey.

Twitter: @mansanchezgz

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