Opinión

El film del verano

Secuestrado cuando niño por extraterrestres en los 1980, el ahora convertido en bandolero galáctico Peter Starlord Quill (Chris Pratt) se salva a punta de elaboradas piruetas tras el robo de una piedra fabulosa en el que utiliza como única herramienta el único recuerdo de su pasado terrícola: una anacrónica cinta con hits de Elvin Bishop, 10cc, David Bowie, Rupert Holmes y en especial Blue Swede, herencia que su madre moribunda le dio como Música Súper Fabulosa vol. I.

Quill, pues, vive y sobrevive en plan de hábil ladrón y maestro del escape robando un misterioso objeto llamado el Orb que parece contener el secreto de la destrucción del universo. Sin embargo, no es el único que desea, como en toda circunstancia similar, al codiciado Orb. El villano Ronan (Lee Pace) envía a su ágil súbdita militar de verde piel Gamora (Zoe Saldaña) a recuperar el objeto. Pero los cazarrecompensas, el árbol parlante de un sólo diálogo Groot (Vin Diesel) y el inteligente fenómeno genético convertido en mapache hiperviolento Rocket (Bradley Cooper), van también tras los pasos de Quill.

Al final todos acaban de cuates una vez encarcelados en compañía del brutal reo en busca de venganza Drax (Dave Bautista) y se metamorfosean en Los guardianes de la galaxia (2014, James Gunn) viviendo aventuras al límite en medio de un vértigo constante, con un replanteamiento interminable de la trama siguiendo giros inesperados.

Gunn y su guionista Nicole Perlman se inspiran, o retoman el estilo, la concepción y el manejo humorístico del cómic original creado por Dan Abnett & Andy Lanning. El resultado: el film del verano 2014 para el poderoso y ya pentamillonario estudio Marvel, desde ahora planificando sus próximos estrenos, en especial la segunda parte de Guardianes de la galaxia para 2017.

La fórmula es sencilla, mezcla de juego de video, parque de diversiones y, por supuesto, cómic que con el movimiento cobra el vértigo necesario para que cada acción resulte tan sorprendente como la previa, sin pausa y sin respiro, puesto que la estética del movimiento ultravisual del cine en el siglo XXI exige que el espectador se mantenga activo ante el mural (que ya no la pantalla), en el que las acciones cobran vida y con pequeños guiños de ojo, que nunca incurren en el cinismo, demuestran que se está ante un film vital que se sostiene por el sentido del humor como el recurso más original en la historia del cine. O sea, un film que es pura diversión; entretenimiento absoluto.

Film que a su vez se distancia y acerca al cómic como fuente de eterna juventud, sabe que cada acción debe concluir en un clímax para sumarlo al siguiente hasta el final mismo, donde las explicaciones lejos están de ser necesarias pero incluso el chiste final, por supuesto visual, tiene el mismo impacto que la suma de las acciones violentas y de esos personajes mutantes que son la sátira de la sátira misma, que jamás se toman en serio, y que recuperan el sentido del cómic como una fiesta de disfraces, una iniciación a una fraternidad y una suma de exageraciones que son concebidas como pavesas de ese universo Marvel que se reaviva en cada escena y en cada film. Lo que confirma que pasó de la consolidación y la expansión a la ironía sobre su imperio.

Imperio que ahora domina las pantallas mundiales y establece a la fetichista Comic Con de San Diego como novedoso lugar de lanzamiento para las producciones cinematográficas, ya nunca más por filmarse sino por captarse en diversos formatos digitales, confirmando así el desplazamiento de la vieja industria hollywoodense hacia la nueva era, ésta sí fundada en un reino de papel que es la voz cantante del dominante cine contemporáneo, ése que se concibe en cientos de millones de dólares para recuperar miles de millones.

Si Guardianes de la galaxia es la cinta del verano 2014, sin duda se debe a su equilibrio entre todos sus elementos y a su audacia para combinar situaciones antitéticas con las que se hace un coctel que incluso en el último minuto se burla del único fracaso en la historia de Marvel, justo su primer film llevado a la pantalla, Howard, un nuevo héroe (1986, Willard Huyck), en plan de exorcizar cualquier idea de fracaso que en esta era es impensable. De esta forma, el universo creado por el legendario Stan Lee (n. en 1922), es ahora la neta del planeta. Y lo continuará siendo de aquí y hasta el fin de los tiempos (o de 2019 cuando está programado el último estreno Marvel del decenio).