Opinión

El fenómeno de la rana

 
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pib de méxico

Dicen por ahí que si se pone una rana repentinamente en agua hirviendo, la rana brincará y huirá del peligro, pero si a la rana se le pone en un contenedor con agua fría y poco a poco se va aumentando la temperatura, la rana no percibirá el peligro y morirá hervida. La validez científica de esta anécdota es cuestionada y, desde luego, no tengo ninguna intención de hacer el experimento.

La metáfora de la rana funciona muy bien para describir lo que está pasando en México. El agua que sube poco a poco de temperatura son los muchos problemas que hemos dejado escalar durante décadas y la rana es nuestro país que no se da cuenta de la gravedad de algunos de los temas que lo aquejan.

La corrupción, el deterioro del sistema educativo, la impunidad, la violencia, no aparecieron de la noche a la mañana, no son fenómenos atribuibles a una sola administración, ni a un solo partido, ni a una crisis financiera. Son problemas que llevamos arrastrando desde hace años y cuya magnitud ya alcanza niveles preocupantes. La corrupción no surgió repentinamente este año. Ni este sexenio. Ni esta década.

La corrupción lleva construyéndose durante muchos años de impunidad. Hoy el entramado es tan profundo que ningún funcionario se ha atrevido a hacerle frente. Cada día que pasa el reclamo social frente a las prácticas corruptas es más grande y más fuerte, pero sobre todo a la corrupción grandilocuente, la corrupción que implica millones de pesos, dádivas e intercambio de favores. Pero la corrupción no es sólo esa. La corrupción es también la mordida que da un conductor para evitar ser infraccionado, el 'donativo' que pide un delegado para otorgar un permiso de construcción o los favores pedidos y otorgados a cambio de compensaciones. Se ha permitido, durante muchos años, que la corrupción crezca a niveles alarmantes.

Hoy hacerle frente es considerablemente más complicado. No basta pedir perdón, ni dar discursos, ni nombrar investigadores. Es romper una red que está profundamente arraigada en el funcionamiento diario de las cosas. Hace unos meses, se le preguntó en un evento al economista en jefe del Banco Mundial para Polonia, Marcin Piatkowski, cómo habían logrado combatir la corrupción. La respuesta, que podría parecer simplista, resulta interesante. Contestó, que dentro del contexto del cambio de régimen que vivió Polonia, se tomaron decisiones trascendentales para el país y una de ellas fue la decisión de vivir sin corrupción. Comentó que bajo el sistema previo, la corrupción había sido tan rampante que se habían desgastado las instituciones y la población.

Tanto así, que durante el cambio de régimen se tomó la decisión de no permitirla.

Hoy en día, Polonia se encuentra en el lugar 30 de 168 países en el Índice de Transparencia Internacional. México en el 95. Dejamos que las prácticas corruptas se extendieran desde lo más simple a lo más complejo y hoy parece un monstruo de mil cabezas al que nadie se atreve a tocar.

En el mismo sentido podemos hablar de las deficiencias del sistema educativo y los problemas sindicales. Ni las deficiencias del modelo educativo de hoy ni la problemática de la CNTE o el SNTE son de este año, ni de esta administración, ni de esta década. Llevan gestándose años. Dejamos que la educación de los niños y jóvenes del país se volviera una herramienta de control político y electoral y hemos perdido, y parece ser que seguiremos perdiendo, generaciones de talento.

¿Cómo lograr un país que crezca, que se desarrolle, que fomente el talento y la innovación, si no podemos enseñar a la población a leer, a comprender, a sumar?

No sólo no estamos preparando a los niños para los retos laborales que enfrentarán en un futuro, no estamos hablando de cambio tecnológico y las herramientas que necesitarán; no los estamos preparando para cuestiones más elementales, para comprender un texto o para sumar y restar.

Cuando a la rana la meten en el agua hirviendo, la rana brinca y escapa. Sin embargo, cuando poco a poco le suben la temperatura, la rana termina hervida.

México ha permitido que suban los grados de los conflictos que lo aquejan optando por no resolverlos. El país ya no puede brincar y escapar del peligro. ¿Podrá ir bajando poco a poco la temperatura?

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:
 @ValeriaMoy

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