Opinión

El fantasma del Auditorio Nacional (historia de horror)

   
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Auditorio Nacional Bosques de Primavera

Un “fantasma” estrangula desde hace casi 20 años la vida del Auditorio Nacional. Esta historia, que no es un cuento, se ha agravado desde hace un año. Y no se ve para cuando pueda terminar. Pues resulta que este “fantasma” es muy poderoso: mediante argucias legales ha vencido a todos los jefes Gobierno del Distrito Federal y a varios presidentes de Conaculta, que han intentado que deje en paz al centro de espectáculos más importante de México, que es uno de los más significativos del mundo.

La historia, que reconstruyo a partir de diversos comentarios de quienes durante años han dado esta batalla, es a grandes rasgos la siguiente:

En Paseo de la Reforma hay un terreno que algunos llaman “Estacionamiento Ecológico”. Es en realidad un pedazo del bosque de Chapultepec, ubicado justo al lado del Auditorio. Si usted es capitalino, habrá dejado ahí alguna vez su auto.

Según testimonios se trata de un terreno de alrededor de diez mil metros cuadrados. Ese terreno fue concesionado en febrero de 1996 por la Setravi a una empresa denominada Proyectos, Estudios y Construcciones, S.A de C.V. (Proyecsa), único rasgo de identidad de este poderoso “fantasma”. La vigencia de la concesión era de 18 años.

Pero ocurrió que en 2005, dado el presunto incumplimiento de la empresa en construir ahí infraestructura, el Gobierno del Distrito Federal recuperó el terreno. La empresa se amparó, y en junio de 2008 el juez 14 de Distrito en materia administrativa ordenó a las autoridades capitalinas devolver el estacionamiento y dar a la empresa el título de concesión del mismo. Como el GDF se quedó durante tres años con ese espacio, en vez de terminar en 2014, la concesión ahora debería terminar en 2017.

El problema no es que, según denuncias de algunos involucrados, ese estacionamiento funcionara de manera irregular –sin cumplir con ordenamientos de protección civil metían hasta un millar de autos por evento y no daban recibo ni nada por el estilo. El verdadero problema es que el Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional lleva al menos desde marzo de 2001 batallando para que este misterioso concesionario (nadie ha sabido reportar la identidad del mismo a los patronos del Auditorio, entre los que figuran apellidos como Arango, Senderos, Hernández o Slim) colabore con el Auditorio para realizar una obra, autoría del arquitecto Teodoro González de León, que conectaría peatonalmente al centro de espectáculos con el Zoológico de Chapultepec, por un lado, y con Polanco, por otro. Adiós a jugarse la vida cruzando Reforma o Parque Lira. El proyecto, que en su momento fue aprobado por Marcelo Ebrard, incluía hacer de ese estacionamiento un desahogo vial para la zona, estrangulada por el tránsito vehicular no sólo cuando hay conciertos.

El asunto está entrampado en tribunales. La empresa reclama que nunca le han dado total posesión del título que ampara la concesión, y que por ende no puede hacer lo que se le pide. En el Auditorio quieren dar ese paso, pero cualquier maniobra que realizan al respecto es contestada, explican las fuentes consultadas, mediante chicanas legales que podrían alargar el plazo de la concesión.

El tema hizo crisis en mayo de 2014, cuando el Invea clausuró el polémico estacionamiento. Al cancelarse esa opción, el Auditorio gastó sólo en el segundo semestre de 2014 más de cuatro millones de pesos en dotar de opciones de estacionamiento a quienes asisten a los espectáculos.

Si usted no cree en los fantasmas, dese una vuelta por el Auditorio, atestiguará lo real que es esta historia de horror burocrático-judicial.

Twitter: @salcamarena

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