Opinión

El fantasma de las alianzas

   
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Partidos políticos.

En materia político-electoral, siempre hay mitos y fantasmas que reviven con cierta periodicidad. Es el caso del famoso “choque de trenes”, “el bloque o frente opositor”, la “alianza inevitable”, “la muerte de los partidos” o la búsqueda de algún personaje que sea similar a algún candidato de otro país que se debe de imitar por su éxito, ejemplo: el Macron mexicano (estos mitos corren a cargo de los progres que no se identifican con ningún partido político y básicamente se identifican consigo mismos, pues ellos solos se bastan). Una vez pasadas las elecciones en el Estado de México, que fueron intensas y con los dos punteros muy competitivos, los comentócratas suelen hacer sumas y restas en un trabajo que bien se podría titular: “Qué hubiera pasado si…”, entonces les parece que si hubiera renunciado fulana o si hubiera declinado sutano, o si desde el principio se hubiera hecho una alianza con mengano el triunfo de perengano hubiera sido contundente.

Desde que empezó nuestra joven democracia a tener elecciones competitivas, siempre hay grupos que hablan de alianzas inevitables para conseguir “fines superiores”. Recuerdo que cuando Fox se lanzó a la presidencial de 2000 hubo quienes estaban duro y dale con la cantaleta de la alianza opositora (no recuerdo qué nombre le daban en ese entonces), y decían que sólo con la oposición unida se le ganaría al PRI. De hecho, se llevaron a cabo pláticas –algunas en la oficina de Diego Fernández de Cevallos– entre representantes de Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox –no recuerdo si ellos llegaron a reunirse a hablar del tema– y, por supuesto, no se llegó a ningún acuerdo y Fox tuvo la razón. Ganó sin alianza con partido grande.

Después en 2006 hubo quienes advirtieron que la campaña del PAN era un error, que no podía ganar solo. Y ganó Calderón. Se dice que hay estados en los que se han ganado con alianzas y que esa era la única manera de ganarle al PRI. Es cierto. Pero se trata de alianzas normalmente encabezadas por un expriista, que se mueve con facilidad con los caciques del lugar, sabe dónde comprar votos y dónde formar a los cabecillas sindicales para ofrecerles prebendas y ganar de esa manera. El resultado en el gobierno de esas alianzas es bastante malo –para decirlo amablemente–, y ningún partido responde cabalmente de lo que pasó.

Decir que si fulanito hubiera conseguido los dos puntos de aquel o los tres de tal otro, son ejercicios a toro pasado. Se negocia lo que se puede con quien quiere hacerlo y si las condiciones son las adecuadas, alianzas forzadas no tienen caso si se va a llegar con las manos amarradas.

Se ha criticado mucho la posición de Andrés Manuel por haber “mandado al diablo” al PRD. Creo que en eso no se equivoca el tabasqueño. Él ya sabe cómo reacciona el electorado a su candidatura. Sabe que lo del PRD en el Estado de México responde exclusivamente a un candidato, y que ese partido sigue valiendo nacionalmente lo que tenía antes de las elecciones mexiquenses. Sentarse a negociar ahorita con el PRD no tiene sentido, pues sienten que valen oro. En unos meses regresarán a su sitio. Si la elección presidencial es de dos es más fácil que los simpatizantes del PRD se vayan en buen número con Morena.

Por supuesto que si sumamos los votos de todos los partidos opositores se genera un gran porcentaje, pero eso se antoja imposible, aunque suena bien para hacer hipótesis, pasar un buen rato y escribir artículos, si no hay otro tema mejor. Como este.

Twitter: @JuanIZavala

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