Opinión

El euro

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Euro

Desde que se lanzó la moneda única para la Unión Europea, el euro, ha tenido críticas muy fuertes. Para algunos, intentar una unión monetaria con economías tan diferentes era un grave error. La situación de Grecia, y su posible salida de esta unión, parecería darles la razón, y muchos de ellos ya celebran la evidencia.

Pero las cosas no son tan claras como parecen. La unión monetaria es el paso siguiente a un proceso de integración comercial, y de flujo de factores productivos, en una región. Es decir, primero se abren las fronteras entre sí varios países, para comerciar bienes, pero también para mover dinero y personas sin limitación alguna. Una vez hecho esto, la unión monetaria permite simplificar las cosas al tener una sola moneda para todos. Sin embargo, al ceder todos los países la facultad de crear dinero a la unión, pierden por completo el control de la política monetaria. Para decirlo más fácil, a partir de ese momento la tasa de interés y la cantidad de dinero en el país ya no están bajo control de su Banco Central, sino del Banco Central de la unión monetaria.

Perder la política monetaria es perder la mitad del control económico del gobierno. Eso atemoriza a muchos gobiernos, pero no es una cosa tan inusual. Hay otras formas de hacer eso. Por ejemplo, Argentina experimentó con un Consejo Monetario, que también desaparece la política monetaria, porque después de quitarle 14 ceros a su moneda durante el siglo XX, ya nadie les creía que iban a enfrentar la inflación. Ese consejo funcionaba bien, hasta que se endeudaron de más, y vino la crisis de 2001, con el “corralito” incluido. Otros países lo que hacen es dejar de tener moneda propia, y usan alguna otra. En América Latina, El Salvador y Ecuador usan dólares de Estados Unidos.

El experimento de la unión monetaria sí es más raro. Y lo es porque el proceso previo, esa integración que le comentaba, es poco frecuente en el mundo. El caso más cercano a una unión monetaria es Estados Unidos, en donde cada estado tiene muchas atribuciones, y el funcionamiento de la federación está muy controlado. Al interior de ese país hay diferencias de ingreso y productividad más grandes que las que ocurren en Europa, y sin embargo funciona.

El euro ha sido, desde su inicio, una aventura de política monetaria muy compleja, pero que en mi opinión tiene una gran virtud: fortalece la idea de la Unión Europea. A lo mejor ya nadie se acuerda, pero en ese territorio no había habido paz por tantas décadas. Europa, como el medio oriente, es geográficamente proclive al enfrentamiento, debido a la escasez de fronteras naturales. En ambos espacios la guerra ha sido la norma, y la paz un bien muy escaso. Una asociación de naciones soberanas, que van paulatinamente entregando parte de esa soberanía a un arreglo común, es sin duda una idea que conviene explorar. Y aunque la UE magnifica los errores de sus afiliados (por ejemplo, con una burocracia barroca y opulenta), no debe haber duda de su éxito. Hasta el momento.

No hay unión que soporte la traición de sus miembros. Si uno de ellos engaña para vivir de los demás, el riesgo es enorme. Si esa costumbre se extiende, la unión desaparece. Y eso no tiene que ver con el diseño del euro, ni con la pérdida de la política monetaria. El fin del euro podría ser una verdadera catástrofe. Si la probabilidad de eso se incrementa perdonando deuda a cambio de nada, o si se incrementa dejando ir al que engañó, es justo lo que debe evaluarse hoy.

Esa es la decisión que enfrentan los líderes de los países democráticos que forman parte del euro.

Twitter: @macariomx

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