Opinión

El estímulo fiscal de Trump y su impacto
en México

 
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El día de Trump y Abe

Más allá de la renegociación o sustitución del TLCAN por un acuerdo bilateral, es probable que dentro de unos días se revele un agresivo plan de reforma fiscal de gran envergadura que podría poner en jaque a la economía mexicana.

El expresidente de Goldman Sachs, Gary Cohn, ha sido designado por el presidente Donald Trump para liderear el esfuerzo para elaborar el plan para reformar los impuestos que se revelará dentro de unos días.

Hasta ahora se han filtrado algunos de los temas centrales de esta propuesta.

En la campaña, Trump prometió reducir a 15 por ciento la tasa de Impuesto sobre la Renta de las empresas, y bajar la tasa máxima del impuesto a los individuos a 25 por ciento. También se comprometió a imponer un arancel de 45 por ciento a las importaciones de China, 35 por ciento a las de México y de 25 por ciento a las del resto del mundo, con los países en donde Estados Unidos tiene un déficit comercial.

Del lado del gasto ofreció realizar un incremento sustancial en obras de infraestructura y reforzar el gasto militar. Lo que en conjunto implica elevar el déficit fiscal y por lo tanto la deuda pública. Pero el planteamiento está cambiando y tiene un importante as debajo de la manga.

Las consultas con miembros del Congreso parecen encaminarse a una reducción de la tasa de ISR para las empresas de 20 por ciento y para los individuos reducir de siete a sólo tres escalones de ingresos, bajando la tasa máxima de 39.6 a 33 por ciento, bajando más agresivamente la tasa del rango de menores ingresos.

Sigue en la mesa la propuesta del líder republicano Paul Rayan de impulsar el impuesto denominado 'ajuste fronterizo' para las importaciones en 20 por ciento y la propuesta de eximir de impuestos a las exportaciones. El 'ajuste fronterizo' tiene una gran oposición de las empresas y de un amplio número de legisladores de ambos partidos, dado que este impuesto lo terminarían pagando los consumidores americanos y provocaría una apreciación del dólar contra diversas divisas para compensarlo en el comercio.

No hay que descartar la intención de gravar la salida de capitales, o de imponer un impuesto a las transferencias de remesas, lo que luce muy complicado de aplicar en la práctica, pudiendo evadirse fácilmente mediante el mercado negro. ¿Cómo se puede diferenciar una transferencia comercial de una correspondiente a una remesa?

El as bajo la manga está en las utilidades de las empresas americanas que se mantienen en el exterior. En la ley actual, las empresas no están obligadas a pagar impuestos hasta que las transfieran a Estados Unidos (EU). Se estima que las empresas americanas mantienen 2.6 billones de dólares en el exterior, por lo que se está diseñando un mecanismo que incentive a las empresas a transferir sus utilidades a EU. Una especie de descuento por repatriación de capitales a las empresas. De tener éxito, este incentivo podría significar una fuerte recaudación para no disparar la deuda y el déficit fiscal.

También se había hablado de incrementar los impuestos al consumo para compensar la caída en la recaudación de los impuestos sobre ingresos. Por ahora, no se ha hablado nada al respecto.

De aprobarse esta reforma impositiva, aún sin el arancel del 'ajuste fronterizo', el impacto en México podría ser devastador. La tasa efectiva del impuesto sobre ingresos en nuestro país supera 50 por ciento, con una definición de la base gravable muy superior. (30 por ciento de ISR, + 10 por ciento de PTU + 10 por ciento de impuesto/dividendos). Aquí no se permite deducir las inversiones en activos fijos, ni el 47 por ciento de las prestaciones sociales pagadas a los trabajadores.

Aún con nuestra ventaja en el costo de la mano de obra, la falta de competitividad fiscal podría generar una retracción de la inversión extranjera directa, una transferencia de utilidades acumuladas inmediata, y muy probablemente un menor atractivo para mantener operaciones en México.

Es evidente que tenemos que hacer rápidamente una verdadera reforma fiscal integral. Nuestro talón de Aquiles lo tenemos en cada pie: en el pie izquierdo la vulnerabilidad fiscal y en pie derecho el Estado de derecho. Y lo peor de todo es que en tiempos preelectorales no se ven las condiciones para que el Congreso mexicano esté dispuesto a aumentar los impuestos al consumo, para poder bajar los impuestos a los ingresos. La espada de Damocles de las calificadoras pende sobre nuestra cabeza. Si no actuamos a tiempo, tendremos una caída en la recaudación derivada de una menor inversión. El Pacto de Estabilidad dice claramente que los impuestos pueden modificarse si las condiciones económicas cambian.

Twitter: @EOFarrilS59

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