Opinión

El Estado y la autodefensa

La autodefensa es recurso frecuente. Nos andamos defendiendo siempre. De las arbitrariedades, de los pícaros que se saltan la fila, de los automovilistas abusivos, de las agresiones, de los efectos del sol, de las grillas y de los rumores. Cada quien asume su defensa en la vida cotidiana.

Sin ese recurso, seríamos extremadamente vulnerables, casi a todo.

Pero unos son los ámbitos de autodefensa, diríase natural, y otras las esferas en las que esa tarea corresponde al poder colectivo.

Ese poder colectivo está representado por el Estado, que surgió para brindar seguridad a la sociedad que comparte un territorio. El Estado es la suma de todos, cuya fuerza debe ser capaz de defender a cada uno.

Para eso es la fuerza colectiva e institucionalizada. Para que cuando alguien violente las normas que la colectividad se ha dado para vivir en paz y con justicia, se le castigue.

Al castigar al responsable de una transgresión legal se hace justicia y se advierte a todos que nadie puede estar por encima del derecho.

Cuando ese castigo no llega, el culpable de una acción ilegal queda
impune
, lo que se interpreta como autorización para hacer todo lo que se quiera, y la impunidad emerge como la gran promesa.

Se actúa bien por dos razones básicamente: o por principios o por temor al castigo, o por ambas.

Cuando los principios no bastan para la actuación positiva o para la contención, que son motivaciones intrínsecas, tiene que hacerse presente la justicia del Estado, que es una motivación extrínseca, es decir, que proviene del exterior del individuo para someterlo, en caso de que haya cometido algún delito. O para disuadirlo, en caso de que pretenda cometerlo.

Los principios basados en valores universales son el mejor antídoto a la violencia y al delito. La sociedad ideal es aquella cuyos individuos actúan de acuerdo con principios de legalidad, justicia y equidad.
No hay que perderlo de vista aunque parezca utópico: sembrar principios y valores es una tarea permanente de padres, familias y gobierno. Por el bien de cada uno y por el de todos.

Pero es imposible garantizar que todos compartan convicción y compromiso con estos principios. Quienes no lo hacen suelen buscar otros caminos: el abuso, el delito, la violencia.

Estos deben ser castigados.

No debería existir la necesidad de la autodefensa colectiva ante amenazas públicas.

La necesidad surge por la ineficiencia o la incapacidad del Estado de ofrecer un entorno de seguridad y de justicia.

El Estado mexicano ha fallado en su principal y primera razón de ser: la seguridad de todos. Quien quiera hacer cuentas históricas está en su derecho. Quién fallo, en qué tiempo y en qué proporción. Pero ahora lo más importante es reconocerlo y enmendarlo.

No más apatía, omisiones o complicidades de parte del Estado. Necesitamos compromiso absoluto, acciones eficaces, resultados.

Estamos frente a un desafío de grandes dimensiones. De esa magnitud tendrá que ser el desempeño del Estado. Difícil, sí, pero la responsabilidad que se otorga a gobernantes y legisladores nunca ha sido un paseo. Y ellos están allí porque lo anhelaron, lo buscaron, lo lograron. No hay pretextos…