Opinión

El Estado vs. Javier Duarte

     
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Javier Duarte

Javier Duarte sigue dejando en ridículo al gobierno que un día lo nombró ejemplo del “nuevo PRI”. Ya sea por el desfalco multimillonario en Veracruz o por la certeza de que esos que lo persiguen no saben
–nunca ha sabido– investigar los grandes crímenes contra los mexicanos.

Se ha repetido hasta el cansancio cómo el exgobernador veracruzano es el símbolo más representativo de la corrupción en México, y vaya que eso ya es mucho decir. Está por encima de Padrés, Yarrington, el otro Duarte, Borge y una fila interminable de políticos de todos los partidos; no hay ninguno que aglutine el odio nacional como él.

La cobertura de su detención en Guatemala, el 15 de abril, paralizó al país. Aquel sábado regresaron los titulares de varios noticiarios al aire, su risa inundó la portada de todos los portales y las crónicas empezaron a fluir ¿cómo habían llegado a él? Quizá el caso más reciente de una captura de talla nacional con la que pudiera comparársele es El Chapo Guzmán, excepto porque a Duarte el país lo odia más.

Ninguna detención de algún político ha tenido la trascendencia ni la cobertura que se le dio a él. Su voracidad, sus excesos y sus desvíos millonarios hicieron que el desprecio llegara incluso de sus compañeros de partido. Priistas que antes lo abrazaron y cuidaron por seis años, ahora lo destierran. Típico.

Con esta aura de indignación, vestido con una armadura de escándalos millonarios, cualquiera pensaría que el Estado mexicano se había preparado como nunca antes para enjuiciar a este corrupto… pero no.

De acuerdo con la crónica periodística de su primera audiencia en nuestro país, del reportero Arturo Ángel, de Animal Político, el caso pinta para seguir dibujando en la cara de Duarte esa cínica sonrisa.

“Los tres fiscales de la Procuraduría General de la República que presentaron las imputaciones contra Javier Duarte hicieron el ridículo al desconocer el expediente”, describió el periodista que destapó el caso de las empresas 'fantasma' de este impresentable.

Los tres representantes del gobierno de México dieron mal la información, se tardaron una hora para encontrar datos básicos, de los 438 mdp que se le imputaba haber desviado sólo pudieron explicar 38. En resumen, los fiscales no sabían absolutamente nada del caso. El Estado mexicano y su ignorancia.

Decía el reportero Jaime Obrajero, de W Radio: “se le vio a un Javier Duarte serio y preparado en la defensa de su caso”. Bueno, al menos alguien en esa audiencia había estudiado. Vergüenza total.

Y no es que haya puesto en jaque a la PGR con inesperadas y complejas preguntas, lo único que pidió fue una explicación de las acusaciones en su contra, nada más. Lo mínimo indispensable al inicio de un proceso que va para largo. Esta audiencia sólo tenía el propósito de declarar su legal detención. Imaginemos aquellas en que verdaderamente deban demostrar con pruebas ante el juez que Duarte es un delincuente y no un “perseguido político”, como él se ha tratado de victimizar.

No puedo ni pensar en la manera en la que se procesan otros casos de corrupción, si en el más emblemático el gobierno se muestra incompetente y negligente.

No tengo elementos para suponer que existe complicidad o que en realidad el gobierno no quiere procesar a Duarte, pero habría que decirles a las autoridades mexicanas que después de la primera audiencia esta es la percepción generalizada de la sociedad: que Javier Duarte estará libre en semanas. Ahora sí tiene razones para seguir sonriendo.

Fe de erratas: De la columna publicada el viernes 19 de mayo titulada: “Cartas para Gero, Emilio, Luciana y Alfredo del Mazo”, Gero debe ser Jero y no son hijos del Lic. Alfredo del Mazo. Sus nombres correctos son Jerónimo González y Emilio González, hijos del Lic. Fernando González. Valga esta precisión a petición del Lic. González.

Twitter: @jrisco

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