Opinión

El estado balcanizado del Magreb


 
La balcanización inducida de Libia ––como la de Somalia, escenario predilecto de la “guerra antiterrorista” de Washington–– avanza a pasos acelerados luego del asalto de comandos del Pentágono el fin de semana y la confusa “detención” ayer del débil primer ministro, Ali Zeidan, sólo brindará más pretextos para que se profundice.
 
 
A dos años del linchamiento de Muamar Kadhafi aplaudido por Hillary Clinton, gracias a la intervención bélica de la Alianza Atlántica, ávida del excelente petróleo ligero del Magreb (por eso la transnacional italiana Eni S.p.A. fue en el pasado una de las grandes defensoras del excéntrico dictador), Libia carece de Constitución y de ejército, motivo este último por el que milicias como la que “secuestró” a Zeidan imponen su ley. En Cirenaica, la región que promovió la “revolución”, señala un análisis del Grupo Internacional de Crisis, las bandas armadas, claramente identificadas con el extremismo islámico, han cerrado puertos y amenazan con expropiar el crudo.
 
 
La capital de Cirenaica es Bengazi, eterna rival de Trípoli, donde se estableció un consejo que exige autonomía y la restitución de tierras, ocupadas por la petrolera estatal NOC. Al sur, Fezzan hace dos semanas también proclamó el autogobierno, opacado por las disputas tribales. Se trata de la menos poblada y más inhóspita de las provincias históricas de Libia, pero tiene potencial para el desarrollo del gas, del agua y de la agricultura.
 
 
Capítulo
 
 
Capítulo aparte es la trayectoria de Abu Anas el Liby, el supuesto integrante de Al Qaeda capturado por los estadounidenses y que ahora es “interrogado” en un barco, ya que Barack Obama no quiere llevar más presos al calabozo ilegal de Guantánamo. El Liby, recuerda WSWS, empezó su carrera en Al Qaeda cuando enfrentaba a los soviéticos en Afganistán y los fanáticos musulmanes eran elogiados por Ronald Reagan como el “equivalente moral de nuestros padres fundadores”.
 
 
Cuando Osama bin Laden rompió con la CIA y se asentó en Afganistán, El Liby obtuvo asilo político en Gran Bretaña y participó en el Grupo Islámico Libio de Combate, que recibió dinero del MI6 para planear el asesinato de Kadhafi; Washington no se preocupó entonces por acusarlo de los atentados contra sus embajadas en África de 1998 y tampoco pareció molestarse por su regreso a Libia en 2011, a fin de destruir al régimen. Hoy, las represalias que generará su secuestro serán la mejor justificación para que el “gobierno” de Zeidan reciba la “ayuda militar” que requiere. A fin de cuentas, el ex desertor, consentido del filósofo francés Bernard-Henri Lévy, artífice de la doctrina “responsabilidad de proteger”, juró igual que El Liby que desea un Estado religioso, al asumir hace un año.