Opinión

El Espiritual Rohani, esperanza de diálogo en Teherán


 
La apuesta por los candidatos del establecimiento fracasó, y los comicios presidenciales en Irán fueron ganados fácilmente por Hasan Rohani, exnegociador nuclear de la República Islámica que por su talante centrista abre una esperanza de diálogo con Washington y Bruselas, justo mientras se agrava la guerra en Siria.
 
Con más de tres votos a uno sobre el segundo lugar de la elección, Mohamed Bagher Ghalibaf, exalcalde de Teherán, Rohani, nacido hace 64 años como Hasan Fereidún --el apellido Rohani o Ruhani, que significa espiritual o clérigo, lo adoptó después del triunfo de la revolución chiíta, en los años ochenta--, el también legislador, miembro de la Asamblea de Expertos y del Consejo de Discernimiento, anunció ayer que su victoria marca una "nueva era", prometió seguir un "camino de moderación", dijo que alentará medidas "paso a paso" para que Occidente confíe en los objetivos pacíficos del programa atómico iraní y subrayó que Estados Unidos y su país deben "mirar al futuro".
 
Toda una bocanada de aire fresco para los parámetros de los aliados, pese a las invectivas lanzadas por Israel, que exigió redoblar las sanciones contra Irán por su proyecto nuclear que asciende ya a 100 mil millones de dólares, tomando en cuenta que el mandatario saliente, Mahmud Ahmedineyad, quien terminará su segundo periodo el 3 de agosto, se distinguió por un tono belicoso y se distanció del mismo Jamenei; no es una casualidad, sin duda, que también ayer trascendiera que un tribunal citó a Ahmedineyad, para responder a la demanda interpuesta (no se aclaró la causa) por otro de sus grandes rivales políticos, Alí Lariyani, líder del Majlis o Parlamento.
 
Único religioso en la campaña, que estudió leyes en Escocia --su tésis se llama Flexibilidad de la sharia, ley islámica-- y políglota que habla inglés, alemán, francés, ruso y árabe, Rohani, uno de los primeros en reconocer como imam o máxima autoridad eclesiástica al ayatola Ruhola Jomeini, jefe de la revolución de 1979, fue oficial de las fuerzas armadas durante la guerra con Irak y en su conferencia de prensa fue claro, asimismo, en fijar los límites de la apertura que muchos esperan.
 
Interferencia
 
Advirtió, en apego a la línea oficial, que para un diálogo directo Washington tendría que comprometerse a "nunca interferir en los asuntos iraníes" y, cauteloso, manifestó que los esfuerzos para concluir la guerra civil en Siria "corresponden a su pueblo".
 
Apodado el Jeque Diplomático por su talento conciliador, Rohani se mueve en el difícil e inestable terreno de la política iraní, donde un "reformista" no es precisamente alguien ajeno a la cúpula del poder; sus facultades están acotadas por Jamenei y el Consejo de Guardianes, por lo que en primera instancia deberá mantenerse en el centro y ser un presidente unificador, según explicó a The Christian Science Monitor Trita Parsi, titular del Consejo Nacional Iraní Estadounidense en Washington.
 
La sopresa que dio en las urnas, sin necesidad de una segunda vuelta, empezó a concretarse 72 horas antes de la votación, detalla, al recibir el apoyo decidido de los exmandatarios Mohamed Jatami, por mucho tiempo considerado un verdadero reformista frustrado, y Akbar Hashemi Rafsanyani, un conservador prágmatico cuya candidatura fue vetada, que se aliaron para demostrar su liderazgo y capacidad de movilización.
 
A la postre, el resultado también ha sido bueno para Jamenei, preocupado por la legitimidad del sistema después de que en 2009 Ahmedineyad se impusiera en una competencia empañada por denuncias de fraude. El régimen recalcó que no toleraría la "sedición" de aquel año y Jamenei solicitó salir a las casillas, para derrotar a los "enemigos". El 80% del electorado acató su petición, mientras permanecen bajo arresto domiciliario en Teherán los candidatos derrotados de hace cuatro años, Mir Husein Musavi y Mehdi Karrubi, dirigentes del Movimiento Verde que ahora, con Rohani, quiere encontrar nuevos motivos para florecer.