Opinión

El espectro de Irak

En estos días no escribo mucho sobre Irak y todo eso, pero un informe reciente de James Risen, de The New York Times, hace recordar el horror de todo ello. Y no sólo quiero decir el hecho de que a los estadounidenses les mintieron para ir a la guerra; que la mayoría de nuestros medios y élite de política se apresuró a subirse al vagón, y que la aventura llevó a un increíble desperdicio de vidas y dinero.

No, Irak también fue un pozo negro moral. No sólo nos llevaron a la guerra mediante falsas pretensiones, sino que era claro que esto se hizo en parte para obtener ganancias políticas internas. La ocupación no fue tratada como una tarea solemne de la que dependía el honor de la nación, sino como una oportunidad para premiar compinches. Y no olvidemos la tortura.

Entonces, en cierta forma no es sorprendente enterarse que increíblemente no sólo dependimos fuertemente de mercenarios políticamente conectados, sino que dichos mercenarios amenazaron con usar violencia contra nuestras propias autoridades: “Unas pocas semanas antes que guardias de Blackwater dispararan fatalmente en 2007 contra 17 civiles en la Plaza Nisour, en Bagdad,” escribió el Sr. Risen, “el Departamento de Estado empezó a investigar las operaciones en Irak del contratista de seguridad. Pero la averiguación fue abandonada luego que el principal administrador de Blackwater en el lugar emitiera una amenaza: ‘que podría matar’ al investigador en jefe del gobierno y ‘nadie podría hacer ni haría nada al respecto porque estamos en Irak’, según informes del Departamento”.

¿Y adivinen qué?: “Autoridades de la Embajada de Estados Unidos en Bagdad apoyaron a Blackwater en lugar de a los investigadores del Departamento de Estado conforme escaló una disputa sobre la investigación en agosto de 2007, muestran documentos previamente no revelados” (el artículo puede leerse aquí: nyti.ms/1nZXHHb).

Pero sigue siendo impresionante, y es un recordatorio de qué tan profunda fue la traición.

Revés sadomonetarista sueco

Frecuentemente he escrito sobre el “sadomonetarismo” entre los banqueros centrales; el impulso evidente por encontrar algo de razón, la que sea, para elevar las tasas de interés pese al alto desempleo y baja inflación.

El lugar donde los formuladores de política cedieron más drásticamente a este impulso es Suecia, donde la mayoría del Riksbank decidió complacer su vicio por elevar las tasas, pero el banco central ha dado un brusco giro de 180 grados, recortando las tasas de interés.