Opinión

Espacio iberoamericano: reflexiones sobre primera cumbre en Guadalajara

A propósito de la XXIV Cumbre Iberoamericana (CI), que se celebró en Veracruz esta semana, quiero compartir algunas reflexiones sobre la primera cumbre, que se realizó en Guadalajara en julio de 1991. Un encuentro histórico que congregó por invitación de Carlos Salinas de Gortari a dignatarios como Carlos Menem (Argentina), Fernando Collor (Brasil), Patricio Aylwin (Chile), César Gaviria (Colombia), Fidel Castro (Cuba) el rey Juan Carlos y Felipe González (España), Alberto Fujimori (Perú) y Carlos Andrés Pérez (Venezuela).

La declaración de la primera cumbre refleja bien el mundo en transformación que se vivía. En 1991, el fin de la Guerra Fría y la perspectiva de una potencia hegemónica provocaban incertidumbre y temor entre los miembros de la comunidad internacional. Gran parte de los países latinoamericanos e ibéricos habían transitado muy recientemente del autoritarismo a la democracia y los primeros habían adoptado el modelo neoliberal en medio de crisis de la deuda y por presiones del Fondo Monetario Internacional. Se temía otro tipo de polarización mundial: entre un norte rico y con recursos tecnológicos y un sur pobre y sin perspectivas.

De manera individual, cada uno de los países iberoamericanos podía tener una influencia mínima en el nuevo orden internacional. Como región, se pensaba que el espacio de Iberoamérica podía tener relevancia y capacidad de impactar en las decisiones, al contar con una población de 460 millones de habitantes, un PIB de un billón y medio de dólares, una cultura e identidad común, así como una presencia al más alto nivel en organismos multilaterales internacionales y regionales, encabezados por distinguidos ciudadanos de la región. El peruano Javier Pérez de Cuéllar era el secretario general de la ONU, el español Federico Mayor dirigía la Unesco, el uruguayo Enrique Iglesias encabezaba el BID y el guatemalteco Gert Rosenthal la Cepal.

En ese momento, México negociaba el TLCAN con Estados Unidos y Canadá, por lo que decidió equilibrar su política exterior. El canciller Fernando Solana lo resumió con las siguientes palabras: “México convoca esta cumbre siguiendo su línea fundamental de estrategia de política exterior de diversificar e intensificar su presencia en todas las partes del mundo, la convoca porque está buscando naturalmente espacios de equilibrio y si algunos son tan naturales como éste, por qué no tratar de consolidarlo y desarrollarlo”. España tenía intereses políticos y económicos de acercarse a Latinoamérica, insistía en ser la voz de la región en la Comunidad Europea; además era un momento propicio para promover la llegada de empresas e inversiones españolas en América Latina. Brasil tenía la voluntad política de participar en este foro. Cuba aseguró su participación en un espacio sin presiones directas de Estados Unidos en temas sensibles, como los derechos humanos y la democracia.

En Guadalajara se trataron cuatro temas generales: desarrollo económico, desarrollo social, educación y cultura, y la vigencia del derecho internacional. En las discusiones, los asistentes advirtieron que era fundamental asegurar que prevaleciera el derecho internacional en un momento de intervenciones por parte de Estados Unidos y que la democracia y la libertad eran necesarias pero no suficientes para alcanzar el desarrollo. Otros temas corresponden a su tiempo. En 1991 se hablaba todavía del colonialismo y el narcotráfico no había adquirido aun la relevancia de estos momentos. En 1991 había una seria preocupación por la pobreza, hoy por la desigualdad.

Hace 23 años, la CI era el principal foro de concertación política entre los jefes de Estado de la región. Su fin era crear un ambiente propicio para que los líderes pudieran comunicarse con la mayor franqueza posible. Desde entonces, el espacio iberoamericano ha madurado y los encuentros y temas a tratar se han multiplicado. Desafortunadamente las cumbres han perdido esa informalidad, que permitía un diálogo abierto y sin discursos. Las reuniones iberoamericanas se celebran hoy entre intereses poco afines, con ideologías muy diversas, aunque con problemas comunes. A lo largo de 23 años se han creado en el seno de la CI instancias útiles para los ciudadanos de esta extensa región. Por ejemplo, el Foro Empresarial, que cumple diez años, ha ido acercando a los hombres de negocios de ambos lados del Atlántico y tratado de promover una relación mas igualitaria entre empresas españolas y latinoamericanas. También las instancias de dialogo para la juventud y su desarrollo cultural y formativo han sido un ejercicio positivo.

Los retos en los años por venir y que requerirán acción prioritaria según lo acordado por la CI, son la falta de competitividad e innovación, así como la bajísima capacitación de la fuerza laboral, que se traducen en escaso crecimiento económico y desarrollo social bajo y desigual. La cumbre de Veracruz fue la oportunidad idónea para acordar acciones que beneficien equitativamente a una población de cerca de 650 millones de personas, en la que los jóvenes representan una cuarta parte. Esperemos que en estos dos años, antes de la siguiente cumbre, se materialicen los compromisos acordados.

Twitter: @lourdesaranda