Opinión

El error del gobierno fue decir media verdad

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Ayotzinapa. (Alejandro Mélendez)

Machado tenía razón: “si dices media verdad, dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad”.

Ante los sucesos de Iguala, el gobierno federal cometió el grave error de no decir la verdad completa. Ahí se enturbió todo y esa investigación difícilmente llegará a ser creíble algún día.

Directivos de la Normal Isidro Burgos y algunos líderes estudiantiles están involucrados con Los Rojos, enemigos de Guerreros Unidos.

Si la PGR hubiese dicho la verdad completa en su informe, ahora podría presumir que su línea de investigación era coincidente con la del GIEI: fue el narco, no el Estado.

Entre los normalistas que los dirigentes enviaron a Iguala iban miembros del cártel de Los Rojos.

Y si bien gran parte de eso, como el quinto autobús, está consignado en la averiguación –de ahí lo tomaron los expertos del GIEI–, nunca se informó de ello a la opinión pública.

El subsecretario de Derechos Humanos, Roberto Campa Cifrián, se lo confirmó al columnista Francisco Garfias, de Excélsior: “si se mantuvo en reserva, fue para evitar la criminalización de las víctimas”.

Se equivocó el gobierno. La verdad debió decirse completa, por dolorosa que fuera.

Viene en el expediente que los normalistas de primer ingreso iban a Chilpancingo, pero luego llegó la contraorden de sus líderes para dirigirse a Iguala, a tres horas de distancia, para reventar el evento político de la esposa del alcalde, María de los Ángeles Pineda.

Dice el GIEI que el evento ya había terminado cuando los normalistas llegaron y que se enfocaron a robar camiones. Uno de ellos, presume el informe del GIEI, estaba envenado: cargaba heroína.

Cualquiera de las dos versiones llega al mismo punto: un enfrentamiento entre Guerreros Unidos (cuyos líderes gobernaban Iguala) y Los Rojos. Por eso la saña para asesinar. Con el sello del narco.

Si el gobierno quisiera enderezar la investigación, tal vez sea demasiado tarde. Pero tendría que ejercer acción penal contra los que mandaron a los normalistas a Iguala, donde fueron presa de los sicarios de Guerreros Unidos, al servicio de las autoridades locales.

Ahora la PGR se encuentra en el peor de los mundos, pues quedó como mentirosa por no decir la verdad. No tiene fuerza para aclarar y ser creída.

Un solo especialista contratado por el GIEI, que estuvo 20 minutos en el lugar de los hechos diez meses después de que ocurrieran, les echó abajo la “verdad histórica”.

De nada sirvieron los 60 mil trozos de restos que mandó la PGR a Innsbruck ni el centenar de peritos forenses, químicos, biólogos y antropólogos que trabajaron en la explicación de la masacre en el basurero de Cocula.

A los normalistas los utilizaban líderes ligados con el narco, concretamente con el cártel de Los Rojos, y no se dijo a tiempo.

Todo eso está en la averiguación, ya que son los testimonios, difundidos a medias, de los asesinos confesos.

La PGR, sin embargo, optó por lo políticamente correcto: ocultar esa relación.

Ante un hecho de tal magnitud se debió decir la verdad, que es la expuesta por los asesinos confesos y por algunos sobrevivientes: los normalistas iban a Chilpancingo y cambiaron la ruta para alejarse más de 200 kilómetros de su objetivo, a territorio de Guerreros Unidos. Allá encontraron la muerte.

Twitter: @PabloHiriart

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