Opinión

El error de Osorio

 
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Chong

La furibunda respuesta de Enrique Peña Nieto a los severos cuestionamientos de María Elena Morera sobre la inseguridad pública, de ninguna manera correspondía hacerlos al presidente, sino en todo caso al secretario de Gobernación, que impávido observaba la escena.

“No vine a ser crítico, pero sí a hacer observaciones. No son regaños, lo hago en el mismo tono de poder cruzar una contestación que busca ser constructiva”, y agregó el titular del Ejecutivo federal: “Se exige una actuación responsable y eficaz de las instituciones y, al mismo tiempo, todos los días se pretende desmoronar y descalificar, especialmente a los elementos de las corporaciones policiacas”.

Mientras que el responsable de la seguridad pública del país se revolvía en su asiento, dejaba que su jefe despotricara. Después nada hizo para contener el daño ocasionado por los términos utilizados relativos al bullying contra las fuerzas policiales. La respuesta del presidente se viralizó en su contra.

Todas las encuestas coinciden en señalar que la inseguridad pública es el peor problema que tiene México, y se acusa al gobierno, sin importar cuál nivel sea (municipal, estatal o federal), de no tener la capacidad para resolverlo.

La reingeniería institucional que se diseñó al comienzo del sexenio contempló la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública federal como tal, al incorporarla a la estructura de la Secretaría de Gobernación, al tiempo de dotar a esta dependencia de los recursos presupuestales necesarios para fortalecer el combate a la delincuencia.

Del mismo modo, el secretario de Gobernación fortalecía su interlocución con los gobernadores del país, con la finalidad de establecer y reforzar la coordinación de las entidades federativas con el gobierno federal.

Con este diseño, Miguel Ángel Osorio Chong se convertía no sólo en el responsable de la seguridad pública, sino que además de las funciones que tiene como responsable de la política interior, asumía de facto la vicepresidencia o la coordinación del gabinete, figuras que no existen formalmente, pero sí en la actividad cotidiana que se realizó desde el 1 de diciembre de 2012.

Esta decisión, la de ubicar a las dependencias de seguridad pública dentro del organigrama de Segob, fue un craso error que, al paso de los años, se hizo manifiesto. Y si acaso sirvió para algo el rediseño administrativo, fue para posicionar la imagen de Osorio Chong a nivel nacional, en tanto que el problema de la inseguridad continuó.

Los hechos y las cifras son contundentes. Osorio Chong no pudo con el paquete a pesar de contar con todo el apoyo institucional y con el mayor presupuesto etiquetado a las tareas de combate a la criminalidad.

Este pasivo en la gestión de Osorio, por mencionar sólo uno, es lo que le impide tener las cartas credenciales para asumir tareas de mayor envergadura.

El titular de Gobernación no sólo no pudo con las tareas asignadas, sino que con su pasiva actitud y tibias declaraciones radicalizó el nivel de enfrentamiento que existe entre la sociedad civil y el gobierno de la República, donde la violencia en el país tiene diferentes visiones y diagnósticos, pero como problema existe y eso nadie lo puede negar.

La presidenta de la organización Causa en Común fue la encargada de manifestar ante el presidente que la violencia está a niveles de masacre y es de proporciones bélicas.

También condenó que los gobiernos y partidos políticos secuestren el tema de seguridad y justicia como parte de sus juegos electorales, lo cual no es política ni éticamente admisible.

Por desgracia, esta administración que se ha destacado por su espíritu reformista quedará estigmatizada con el sello de un gobierno incapaz de combatir severamente a la criminalidad.

Y en ese contexto, es cierto que entre los presidenciables del PRI, el de Miguel Ángel Osorio Chong es el nombre que más destaca en las encuestas, ya que sus porcentajes son óptimos en la preferencia de la opinión pública, porque lo conocen pero no precisamente por sus resultados, ya que el tema de la inseguridad es un lastre en los asuntos de su agenda y la del país.

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