Opinión

El error de Joseph Blatter

   
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Joseph Blatter

El error de Joseph Blatter es que no es mexicano. Porque si hubiera nacido en este país, una personalidad como la suya habría destacado igualmente, pero el fin de su carrera habría sido muy distinto.

Si Sepp Blatter hubiera sido un político mexicano, a nivel secretario de Estado, digamos, y su entorno más próximo fuera sujeto de una investigación por transas, él no renunciaría, qué va, alegaría que tiene la confianza de su amigo el presidente y que no tiene por qué separarse de su cargo. Es más, algún asesor le diría que con fijar su postura vía Twitter bastaba, y que no se distrajera con los enemigos de México, con esos renegados que no quieren que nuestro país avance.

Si Blatter hubiera sido diputado azteca (como dicen los locutores deportivos), en este momento estaría tranquilamente esperando la elección, seguro habría sido un chapulín que sin renunciar a su fuero y a su dieta estaría afinando la operación electoral del domingo, fecha en que el pueblo le dará una nueva oportunidad de servir a México.

Si este casi octagenario personaje hubiera sido un empresario nacido en estas tierras, y si de pura casualidad le tocara ser la excepción de la regla de pertenecer a un país donde los dueños del dinero no sudan ante la justicia, podría esperar una de dos cosas: a) que por más afanes que hicieran y a pesar de la cooperación internacional y blablabla, las autoridades mexicanas nomás no dieran con él (ah, qué trabajo les ha dado encontrar a los defraudadores de Ficrea); o b) que si le echan guante le den un trato como a Amado Yáñez, que durante largas semanas pudo negociar su caso desde una villa en Acapulco.

En caso de que Blatter se hubiera decidido a ser un adalid de la defensa de los trabajadores, llevaría como líder sindical no menos del doble de tiempo que estuvo al frente de la FIFA (17 años), y apenas estaría en la flor de su carrera; se mandaría hacer un monumento, se daría comilonas en donde se le antojara invitar a los cuates, y a unas cuatas, tendría una linda colección de autos de lujo, y nunca nadie le diría en serio, ni por asomo, que hoy en México los sindicatos deben rendir cuentas a la sociedad, pues aunque don Joseph tiene buen humor, no vale la pena arriesgarlo a que un ataque de risa le pueda provocar un desaguisado.

Eso sí, don Pepe, porque así le dirían acá de cariño, se la pensaría dos veces, o más veces, muchas veces, antes de elegir como campo de acción de sus negocios el futbol, porque ahí sí, entre la Federación Mexicana de Futbol y las televisoras le habrían hecho ver su suerte. De tonto se mete entre las patas de los caballos.

Así que si Blatter fuera mexicano, a pesar del escándalo que enfrenta, su vida seguiría sin sobresaltos: saldría en las portadas de las revistas de negocios, presidiría cocteles de sus amigos los anticuarios, cortaría listones en galas de beneficencia, echaría algún discursillo delante del presidente (su amigo), metería como gastos de representación las bacanales con sus compinches, y en una de esas le ofrecerían hacerse cargo de algún grupo plural que discutiría cómo hacerle para acabar con la desigualdad y fortalecer el Estado de derecho.

Qué pena por el señor Blatter. No es mexicano. Lástima my friend.

Twitter: @salcamarena

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