Opinión

El enfermo de América

   
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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. (AP)

La terrible situación por la que pasa Venezuela, que amenaza convertirse en la peor tragedia humanitaria del continente, no es fácil de explicar. El origen económico es claro: se dilapidaron recursos cuando el ciclo de materias primas iba al alza, y se destruyó el resto de la capacidad productiva. Una especie de enfermedad holandesa, pero recargada. Y el origen político también es claro, Hugo Chávez destruyó la institucionalidad para poder gobernar de la manera en que lo hizo, y ahora no hay mecanismos para controlar a un incapaz como Maduro.

Lo inexplicable es el por qué se sigue deteriorando Venezuela y no se buscan salidas. Se pueden imaginar muchas posibilidades: renuncia presidencial, juicio político, presión internacional, movilización popular. Sin embargo, ninguna de éstas logra avanzar. Creo que la mejor forma de entender lo que ocurre en Venezuela es utilizar la metáfora del cuerpo enfermo.

Venezuela tiene un virus que se la acaba por dentro, y se llama Cuba. La íntima relación que Hugo Chávez construyó con los Castro se transformó después del intento de golpe de 2002 en un intercambio abierto de capacidades militares por petróleo. Cuba proveyó desde entonces los expertos necesarios para que Chávez pudiera olvidarse de cualquier riesgo proveniente de su Ejército o de la población. Quienes controlan las fuerzas armadas venezolanas y los cuerpos de seguridad e inteligencia son cubanos. Y su interés es extraer la mayor cantidad posible de recursos para mantener funcionando la tragedia económica que es Cuba.

Pero cualquier cuerpo enfermo, infectado con virus, suele provocar reacciones inmunes para defenderse. Venezuela no lo ha logrado, y creo que ésa es la segunda parte de la explicación. La oposición venezolana no ha sido capaz de organizarse de forma efectiva para presentar una alternativa viable a la población y a la comunidad internacional. Sin ello, no hay solución que pueda plantearse. Por si hubiera duda, los casos de Irak y Libia deberían despejarla. No importa qué tan terrible sea un dictador, si se le remueve sin tener alternativa lista, lo que sigue es el caos y décadas de miseria. De ninguna manera sugiero que la solución en Venezuela pase por un ataque externo, sólo utilizo estos casos extremos como ejemplo.

No se requiere uso de la fuerza, bastaría con presión política internacional, desde la OEA (donde ya no aguantan a Maduro), Mercosur, Estados Unidos. Bastaría, si hubiese cómo sustituir a Maduro. Pero al menos desde acá no se ve la unidad necesaria para ello. Puedo equivocarme, pero sigo viendo a Capriles de un lado, a Leopoldo en otro, y ahora a Ramos Allup en otra dirección.

Es posible que mi percepción sea errónea y la oposición venezolana esté unida, pero no lo creo. Si fuese así, si hubiese un núcleo político interno en el cuál recargarse, la presión externa permitiría negociar la salida de Maduro, y eso no ocurre. Del otro lado sí hay unidad: los cubanos controlan, y Maduro es su títere.

La magnitud de la tragedia venezolana no la hemos aquilatado. Han destruido su capacidad productiva, pero más que eso, han destruido el tejido social indispensable para funcionar pacíficamente. El camino de polarización seguido por Chávez ha llegado donde tenía que llegar, a enfrentar a la sociedad. De ese enfrentamiento vive el virus, que sigue saqueando a Venezuela para mantener viva a Cuba. La misma Cuba que negocia con Obama, por cierto.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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