Opinión

El electorado hispano en Estados Unidos: de la sombra a los reflectores

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Cerca de 53 millones de hispanos vive en Estados Unidos. (Archivo/Cuartoscuro)

Fue muy importante la noticia de que en California los hispanos ya forman la mayoría de la población del estado. Según proyecciones del Centro de Investigaciones Pew, los hispanos tienen una ligera mayoría sobre los blancos no hispanos como el grupo mayoritario de población en este estado desde 2014: 39.0 por ciento de la población frente a 38.8 por ciento. Representan catorce millones de habitantes en una población de casi cuarenta. Así, California se convierte en el segundo estado con una mayoría hispánica (el primero fue Nuevo México). Las tendencias demográficas sugieren que Texas seguirá muy pronto esta tendencia.

California está a la vanguardia de una tendencia general en Estados Unidos: cada vez son más los ciudadanos de ese país que tienen el español como lengua materna. No sorprende, pues, que este año el país norteamericano desplazara a España como la segunda nación en el mundo con mayor número de hispanohablantes.

Hasta hace relativamente muy poco tiempo, los dos partidos políticos en EU desestimaban el poder de los electores hispanos y confiaban en obtener su apoyo sin entender bien sus necesidades o atender sus reclamos. No obstante, como ocurrió con otros migrantes, la población de origen hispánico ha cambiado conforme pasan las generaciones. La brecha de desigualdad ha disminuido pero solo en parte: los hispanos conforman 16 por ciento de la población nacional pero sus ingresos representan 2 por ciento de la riqueza del país. También hay tareas pendientes en educación, salud y empleo. Las tasas de deserción escolar superan, todavía con diferencias significativas, las de la media. Con todo, hoy una joven mexicano norteamericana cuyos abuelos fueron agricultores en los años 1950 puede aspirar a graduarse en una universidad. Una mayor escolaridad conducirá a que este grupo en ascenso ejerza con mayor poder sus derechos políticos.

La Oficina del Censo contempla que entre las elecciones de 2008 y 2012 se incorporaron al padrón electoral norteamericano alrededor de 1.4 millón de votantes de origen hispánico, mientras que los votantes blancos no hispanos disminuyeron 2 millones en el mismo periodo. Los hispanos pasaron de representar 7.4 por ciento del total de los votantes en 2008 a 8.4 por ciento en 2012. A pesar de estos cambios, las respuestas de los partidos políticos han sido variadas y paradójicas. Las medidas del presidente Obama lo ejemplifican muy bien. Por un lado la acción ejecutiva que abre la puerta a regularizar a un sector de los indocumentados, por otro, con el número de deportaciones más alto en la historia de ese país.

Por su parte, el Partido Republicano busca atraer al electorado hispano. Se estima que para ganar la contienda presidencial, deberá obtener al menos 40 por ciento del voto del electorado hispano. Para lograrlo, han ideado iniciativas como “Libre” de los hermanos Koch y la de Alfonso Aguilar. Buscan atraer a los hispanos más conservadores, forjar alianzas con grupos influyentes de la comunidad y postular a más candidatos hispanos para contender por cargos públicos. El problema más importante que deberá sortear ese partido es su indefinición entre el discurso alarmista sobre la migración y uno más favorable a la incorporación de las comunidades hispanas a la vida pública. La participación del empresario Donald Trump como precandidato republicano, por su tono estridente e irracional, merma muchos de estos esfuerzos. La incongruencia que perciben los electores hispanos puede terminar por alejarlos y costarles eventualmente la presidencia, si no marcan desde ahora una distancia clara con ese personaje o de discursos antiinmigrantes.

Para vislumbrar lo que pasará en EU, hay que estar atentos a lo que ocurra en California. Ese estado pondrá a prueba, una vez más, la visión optimista de que la vitalidad de EU depende de su capacidad de atraer gente trabajadora y talentosa, sin importar su origen. Ignorar el voto hispano ya no es una opción para ningún político sensato, pero tampoco resulta evidente cómo se les puede seducir después de haberlos ignorado durante mucho tiempo.

Twitter: @lourdesaranda

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