Opinión

El ejercicio de debatir por tv

 
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Módulo especial spots de partidos políticos

Lo recuerdo perfectamente como si ayer hubiera sucedido. Desde entonces ha pasado más de medio siglo. No obstante el autoritarismo priista, el tema estaba de moda. A principio de los años 60 la apatía ciudadana era –quizá por otras razones- superior a la que hoy se observa. A pesar de ello el asunto, siendo político, despertaba cierto interés. Al menos en algunos círculos.

Unos meses antes los medios mexicanos de comunicación y la opinión pública habían vibrado, creo que ésta es la expresión correcta: vibrado, con los debates que en su carrera por la presidencia de Estados Unidos habían sostenido Nixón y Kennedy. Aunque diferidos, en México se transmitieron esos debates y captaron la atención de amplias capas de la población. Ni en sueños se alcanzaba a ver que pronto pudiéramos ser testigos de algo parecido aquí. Daba la impresión de que estábamos a años luz de vivir una experiencia similar.

Sin embargo tal posibilidad se presentó mucho antes de que nadie pudo haberlo imaginado. Ocurrió en la campaña electoral de 1961, proceso intermedio sólo para elegir diputados federales, precisamente como en el que ahora nos encontramos. El canal 6 de Monterrey invitó a los candidatos del PRI y del PAN de los cinco distritos de Nuevo León a debatir en vivo. El primero se programó para el 26 de mayo. Luego seguirían los demás.

No se llegó muy lejos. El candidato priista de ese primer distrito jamás apareció. Pero sí el del PAN, Lic. Francisco Calvi, quien empezó a responder los cuestionamientos que le fueron formulados. Los televidentes pudieron ver vacía la tribuna con el logo del PRI. Fue el símbolo de lo que sucedería durante décadas cuando se convocaba al PRI a debatir.

En aquella ocasión pionera la experiencia sólo duró seis minutos, porque el dueño de la televisora consideró conveniente suspender la transmisión. Seguramente -¿quién lo puede dudar?- fue presionado para cancelarla. Si eso, o su equivalente, sucede ahora, qué tanto no haría el priismo hace medio siglo. Si tal hace con leña verde, qué no haría con leña seca.

Pues bien, el hecho es que en esa misma campaña de 1961 los candidatos panistas del DF invitaron reiteradamente a sus contrincantes priistas a debatir frente las cámaras. Y éstos sistemáticamente rehuyeron el debate, alegando siempre pretextos tan especiosos como ridículos. Hasta que finalmente autorizaron a uno de sus 24 candidatos a aceptar el desafío. Se trató de un tipo conocido por su arrogancia y los aires que se daba de culterano y sabihondo, de apellido Vargas McDonald.

Resultó que el contrincante panista de este priista soberbio era un modesto trabajador de nombre Tomás Carmona. Obrero sí, incluso líder de un sindicato independiente, pero con sólida preparación básicamente autodidacta. El debate se transmitió el martes 27 de junio, a partir de las nueve y media de la noche por el canal 2, en el programa llamado Mesa de Celebridades que conducía Agustín Barrios Gómez.

Si el priismo pensó que al enfrentar a su seudointelectual con un simple obrero llevaba todas las de ganar, se equivocó rotundamente. El panista Carmona, ya fallecido, no sólo hizo un papel muy decoroso en ese histórico debate sino que rápidamente le bajó los humos al insoportable McDonald.

Las anteriores remembranzas vienen al caso no sólo porque nos encontramos en plena campaña electoral sino porque mañana se cumplen 21 años del más conocido debate televisado en la historia política del país, el de Diego-Zedillo-Cárdenas. Pero además porque no se han puesto las bases para que este tipo de ejercicios sean de mayor provecho para los votantes.

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