Opinión

El Ejecutivo y el partido gubernamental

 
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ME. El PRI y el gobierno.

El pasado 4 de marzo el PRI (antes PRM y PNR) cumplió 88 años. En el acto conmemorativo de su aniversario, estuvo el presidente de la República Enrique Peña Nieto, quien se dirigió a los asistentes. Lo hizo con imprudencia y sin atenerse a su investidura. Pero además de manera errónea al no tomar en cuenta que con los bajísimos niveles de aceptación que trae, todo cuanto diga, y con mayor razón si lo hace en tono de beligerancia, le resultará contraproducente.

Cuando menos en dos dislates incurrió el presidente en su mensaje. El primero, al decir que “la oposición sigue sin estar lista para ser gobierno”, cuando su administración ha dado pruebas contundentes precisamente de no saber gobernar. Y el otro, al afirmar que “nunca, pero nunca pactará (el PRI) para dejarse derrotar. Nosotros, los priistas –y está en nuestra genética- siempre salimos a ganar”. Nomás le faltó decir: “y de ser necesario, a arrebatar”, lo cual, como todo el mundo sabe, sí es, desde siempre, su verdadera y natural característica.

Este mensaje de Peña Nieto hizo recordar otro similar, pronunciado hace 77 años, en 1940, por el entonces presidente Lázaro Cárdenas “ante la atónita legislatura de Guerrero, escogida por ignoradas razones para oírlo". Se aludió también a ese partido, entonces con las siglas PRM, pero lo hizo “como parte del régimen, no como representante de la Nación”. El célebre discurso de Cárdenas en Chilpancingo ameritó memorable respuesta Manuel Gómez Morin, en la que éste hizo, quizá, la mejor caracterización formulada hasta la fecha del partido oficial, que en su parte sustantiva dice lo siguiente:

“Todos quisieran (al presidente) verlo dominar esas fuerzas (del partido gubernamental) y acabar de una vez con la patraña de ese Partido que no tiene un solo miembro voluntario, fuera de los que disfrutan de sus canonjías y beneficios; que derrocha fortunas procedentes de las áreas públicas, sin dar cuenta jamás, por supuesto; que no es sino un indebido e ilegal apéndice del Gobierno; que para el más insignificante acto público en el que necesite la reunión de unos centenares, siquiera de personas, debe acudir a la coacción descarada o al pago humillante; que se volvió contra su creador (Calles) en cuanto pudo hacerlo; que no tiene la menor vinculación con la opinión pública; que el Presidente, oyendo la opinión nacional unánime o por patentes motivos éticos, puede aniquilar en cualquier momento con sólo suspender el río de canonjías, de malversaciones, de impunidad, de mal uso del poder público con que el supuesto Partido se alimenta exclusivamente”.

Dijo más Gómez Morin: “No hay justificación alguna posible para su existencia. El País entero lo repudia. La moral, la Constitución y el interés político nacional lo condenan. Ni siquiera puede invocarse a su favor la realización de una idea aunque sea falsa, porque el PRM (hoy PRI) no tiene ni tendrá ideas ni preocupación de realizarlas, y su único fin es el de asegurar por los peores medios el predominio de un reducido grupo en el Poder”.

Como se ve, salvo una o dos cuestiones menores y a pesar de la alternancia, ese partido sigue siendo el mismo.

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