Opinión

El efecto TLC en propiedad intelectual

 
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TLCAN

Podría suceder que, de manera paradójica, la renegociación del TLCAN saque a nuestros legisladores del marasmo en el que han estado encriptados por más de 20 años, obligándolos a actualizar las leyes de patentes, marcas y derechos de autor, que por propia convicción hemos mantenido intocadas a pesar de los reiterados llamados a su modernización.

Sin temor a equivocarnos, bien podemos decir que la última gran reforma del sistema de propiedad industrial en nuestro país fue consecuencia de la negociación del propio TLCAN en los inicios de los años noventa. Aun y cuando esas mismas tendencias serían reforzadas por la OMC en sus tratados comerciales, la primera gran fuerza que motivó los cambios en nuestras leyes estuvo auspiciada por las continuas demandas de Estados Unidos por respeto en estas materias.

Podemos, ahora, anticipar este escenario a la vista de los pliegos de peticiones que de forma 'preliminar' los negociadores de Estados Unidos han planteado en diversos temas, y que, en relación con los intereses de empresas farmacéuticas, de tecnología y de entretenimiento, se vislumbran como el relanzamiento del fallido TPP.

A pesar de que la decisión de la administración Trump de abandonar ese tratado sugería un repliegue de la posición de avanzada de Estados Unidos en diversos asuntos, la renegociación del TLC ha abierto nuevas coyunturas para este tema, que por décadas había sido definido por el vecino como de alta prioridad.

Lo que está por venir no es nuevo. Desde hace ya varios años en nuestro país se ha venido discutiendo sobre la posibilidad de otorgar prórrogas a la vigencia de patentes farmacéuticas; la posibilidad de proteger datos clínicos de medicamentos de ser utilizados por competidores durante ocho o 10 años; la necesidad de incluir acciones drásticas para detener sitios ilegales que trafiquen con música o películas; y otros temas de menor calada como la protección a modelos de negocio por vía de patentes, o el registro de marcas sonoras y olfativas.

Todos esos temas son sin duda sensibles y serán motivo de amplias discusiones por los daños que pueden representar para las contrapartes mexicanas, en cada una de las regulaciones que serían modificadas. De alguna manera, digámoslo así, existe ya un camino avanzado en las discusiones de cada uno de estos polémicos 'nuevos derechos'.

Donde no existe consenso alguno, y que representará la madre de todas las batallas, será en dos grandes rubros: el primero, la manera en la que México podrá resolver el conflicto que Estados Unidos sostiene con Europa en relación con la protección de denominaciones de origen e indicaciones geográficas, especialmente en nombres de quesos.

Es predecible que para cuando llegue la renegociación del TLC, nuestro país haya ya asumido compromisos irrenunciables a favor de los europeos en el reconocimiento del uso exclusivo de los nombres de sus más afamados quesos. El otro gran rubro a resolver es el de la falta de eficiencia en nuestros procedimientos legales. De eso hablaremos en el siguiente espacio.

Correo: mjalife@jcip.mx

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