Opinión

El Eco de una Red que combate la pobreza en la Montaña de Guerrero

 
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Continúan las búsquedas exhaustivas en el estado de Guerrero. (Cuartoscuro)

Guerrero es un estado en donde también hay buenas historias y motivos de orgullo para dar a conocer a la sociedad mexicana. Así, esta es la historia de la Cooperativa Red Eco de la Montaña, ubicada en la región más pobre del país –la Montaña de Guerrero- que hoy cumple trece años consolidándose como una oferta de servicios financieros incluyente y capaz de transformar la realidad local y combatir la pobreza eficazmente. No sólo fue la primera cooperativa autorizada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores en la entidad, sino que fue una de las primeras en lograr la autorización a nivel nacional.

Red Eco de la Montaña es ejemplo contundente de inclusión financiera basada en la captación de ahorro de los socios, quienes además acceden a créditos al consumo, a la producción, a la vivienda, a la compra de automóviles, con tasas de interés que van de 1% a 2.5% mensual, además de ofrecer microseguros, pago de remesas, uso de tarjeta de débito y cajeros automáticos, así como talleres de educación financiera; es decir, es una institución financiera que provee servicios tal y como lo hace cualquier banco comercial en una zona urbana.

Para neoliberales de libro de texto, proveer servicios financieros en la Montaña de Guerrero sería clasificado sin más como: “económicamente inviable”, pero Red Eco de la Montaña ha demostrado que una institución financiera puede ser viable trabajando la región más pobre de México. Actualmente, la cooperativa tiene 13 mil 814 socios de municipios como: Huamuxtitlán, Alpoyeca, Olinalá, Tulcingo, Tlapa de Comonfort, Totolapa, Cuálac, los cuales son equiparados con la región Subsahariana de África, por su bajo índice de Desarrollo Humano; además es bien sabido que la Montaña es una zona expulsora de jornaleros, quienes como recientemente se ha sacado a la luz, migran a los campos de papa, fresa o jitomate en el norte del país y son explotados bajo una versión moderna de esclavitud.

Pese a las circunstancias difíciles que impone Guerrero y la región, Red Eco de la Montaña tiene un índice de morosidad menor al 8%, un índice de capitalización de 300%, así como un indicador de rentabilidad operativa de 110.12%, por mencionar sólo algunos de sus indicadores de la buena salud financiera de la institución.

Aquí no terminan las buenas noticias, porque la cooperativa está en fase de expansión hacia la Sierra Mixteca de Puebla y está en vías de crear una cooperativa de producción para que sus socios productores de mamey, tamarindo, maíz y frijol, en donde la mayoría son mujeres, puedan comercializar; ya que actualmente por falta de mecanismos organizativos para salir al mercado, terminan malbaratando su producción a orillas de la carretera o simplemente se consume un poco y el resto se descompone al cabo de unos días.

Por ello, Red Eco de la Montaña está acelerando el paso para la puesta en marcha de este nuevo proyecto porque traerá ingresos sostenidos a los socios, inducirá la acumulación de riqueza local, pero también operará en beneficio de la cooperativa de servicios financieros que otorga los créditos productivos. Esto es lo que podría denominarse: el nacimiento de un agro-cluster.

A pesar de esto, es extraño que la Cruzada Contra el Hambre no vea, o no quiera ver, todo lo que Red Eco de la Montaña ha avanzado y no contribuya al crecimiento de ésta y otras iniciativas similares, que son mecanismos eficaces de combate a la pobreza, con efectos en la recuperación del tejido social, en la generación de ingresos, que a su vez son elementos detractores de la migración, del crimen organizado y del estancamiento del consumo interno que padecemos desde hace un par de años.

En este mismo sentido vale la pena rescatar el reciente informe de la Auditoría Superior de la Federación en donde se habla de la ineficiencia de la Cruzada Contra el Hambre, no sólo por el enorme dispendio de recursos mal focalizados, asignados a proyectos de baja o nula rentabilidad social; sin mecanismos efectivos para su medición y seguimiento; pero sobre todo porque vuelve a proveer alimentos en comedores y otras dádivas, que son acciones asistenciales, que no rompen con las causas de la pobreza, ni contribuyen a la generación de ingresos sostenidos, es decir, justamente lo contrario a lo que prometió la Cruzada en sus anuncios inaugurales.

Entonces ¿no es momento que la Cruzada Contra el Hambre y el Presupuesto Base Cero para el Campo hagan de una vez por todas, una revisión apolítica para fortalecer iniciativas como la de Red Eco? No sólo porque estas historias tienen un bagaje de organización local previo, sino porque conocen la solución a las barreras estructurales que enfrentan y tienen capacidad para generar una rápida integración territorial, de tal suerte que si fueran apoyadas por estrategias gubernamentales podrían erradicar definitivamente el hambre y la pobreza en menor tiempo, ya que esta es la verdadera intención, ¿o no?

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