Opinión

El duelo

La presidenta Dilma Rousseff invocó a todas las deidades de la negritud en una reunión secreta de Estado Mayor, una invocación desesperada de todos los fantasmas del Amazonas, un llamado desde el sertón a los poderes blancos y negros de la magia. Cada triunfo de Brasil agrega algo de desmemoria al único Mundial militarizado que Gil recuerde en su vida, más de 150 mil efectivos para mantener la paz en los doce estadios sede del Mundial 2014. Rousseff le habría pedido al mismísimo Euclides da Cunha un capítulo de Los sertones dedicado a Neymar y Oscar en venturas desérticas y batallas de toma y daca.

México traía en la maleta el filtro del recuerdo. Oribe Peralta le abrió dos heridas de muerte a Brasil con las cuales la Selección venció a los brasileños en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Hace más tiempo, en 2005, en la final de la Copa del Mundo sub 17, México derrotó a Brasil con una selección en la cual jugaban Herrera y Giovanni.

Ocho de los jugadores que enfrentaron a Brasil lo habían doblado alguna vez en su breve historia de hazañas juveniles. Rafael Márquez ha vencido a Brasil en cinco ocasiones, la que no olvidará el capitán ocurrió en el 2003, en la final de la Copa Oro, un juego que Gamés guarda en la memoria y al que no tocará el olvido.

Un sueño

La Selección Mexicana había llegado a rastras a Brasil 2014, calificando en repechaje después de humillaciones y derrotas inmundas. Al verlos jugar contra Camerún, una vaga esperanza despertó ante el grupo que dirige Herrera. Quedaba entonces recurrir al clásico: al destino le gustan las repeticiones y las simetrías.

Gil se perdía en estas ensoñaciones mientras ocurría un juego duro, directo, en corto. Un duelo en el que nadie cedía al primer error, ni México ni Brasil. Gamés recordó de pronto a las dos mejores selecciones mexicanas que ha visto jugar; una, la de Mejía Barón, otra la de Lapuente. Ambas fueron capaces de enfrentar a cualquier equipo, incluso a Brasil. Si el equipo de Herrera puede contener a Brasil en su país, algo bueno ha ocurrido con México.

Brasil parecía imparable, los embates de Neymar, Oskar y Ramires entraban a morir sobre el área mexicana. La defensa comandada por Márquez cubrió todos los recorridos con la edad a cuestas. En los partidos de futbol ocurren cosas raras, momentos excepcionales, irrepetibles. Gil confiesa que cuando Guardado, Oribe, Aguilar y Layún atacaban, el gol parecía cerca.

Empate en el abismo


Entonces, Neymar saltó alto y remató de cabeza al poste derecho. Era un gol cantado que Ochoa sacó de la raya de gol. México vivía. Ochoa atajó dos tiros tan complicados como el primero. Los brasileños se jalaban los pelos. Un portero salva a México.

Guardado, Aguilar, Fabián y Herrera dispararon de media distancia sin suerte. Gamés no quiere ponerse nacionalista, pero le concede al equipo mexicano un gran juego. Defendieron con valor, bien parados, puestos, una fortaleza.

Se dice fácil: empatar con Brasil en su país. Algunos dirán que viene mal la verdeamarela, que cualquiera podría; jamás. Los brasileños siempre juegan, y muy bien. Dicho lo cual, México está a un paso de la clasificación a los octavos, lo cual sería simple y llanamente un éxito.

La máxima anónima espetó en el ático de las frases célebres: “Eres la causa de ti mismo, de tus triunfos, de tus fracasos”.

Gil s’en va