Opinión

El dudoso, ¿o ficticio?, crecimiento de China

1
 

 

China

La expectativa de crecimiento del gobierno chino para 2015 es de 7.0 por ciento. El dato de crecimiento publicado en julio y correspondiente al segundo trimestre de este año fue de 7.0 por ciento, justo en línea con el estimado de las autoridades. La expectativa de la mayoría de los analistas se situaba alrededor de 6.8 por ciento, así que ese 7.0 por ciento fue de alguna manera sorpresivo dada la desaceleración que vive la segunda economía más grande del mundo.

Durante el primer trimestre la economía china también creció 7.0 por ciento en términos reales, pero en términos nominales el crecimiento fue de 5.8 por ciento, lo que implica que el deflactor del PIB fue de -1.1 por ciento, es decir, deflación. Sin embargo, de acuerdo a las autoridades chinas la inflación al consumidor fue de 1.0 por ciento. Si bien el deflactor y el índice de precios de consumo son medidas distintas de precios, suena un poco extraño que con una medición los precios bajen y con otra suben. Sí, es posible, pero raro. En el segundo trimestre el PIB nominal creció 7.1 por ciento, lo que implica un deflactor de 0.1 por ciento, lo cual tiene un poco más de sentido.

China gozó durante muchos años de un crecimiento importante, alcanzando cifras de dos dígitos durante algunos trimestres. La historia nos muestra que no es común mantener estas cifras de crecimiento durante muchos años. Tal vez, una excepción podría ser Corea del Sur que ha tenido más de cinco décadas de crecimiento sostenido, con algunos episodios de crecimiento más lento. El crecimiento en China ha estado financiado en gran medida por deuda. Hoy la deuda total de China representa 282 por ciento de su producción. Parte de esa deuda se fue a impulsar una demanda ficticia, carreteras que no llevan a ningún lado o edificios de departamentos que hoy están vacíos. Incluso, parte de estos recursos se fueron a inversiones en bolsa, ocasionando una burbuja que empieza a reventar.

Las cifras oficiales provienen de un organismo dependiente del gobierno, lo que les resta credibilidad sobre todo en un entorno de desaceleración y con una continua intervención del gobierno en todos los ámbitos. Por esta razón, algunas casas de análisis generan sus propias estimaciones, usando variables típicamente relacionadas, como la producción de electricidad o las tarifas de transporte de carga. En estas estimaciones, el PIB crece menos de 7.0 por ciento.

La generación de energía eléctrica, el transporte ferroviario de carga, la construcción de viviendas nuevas, la producción de cemento, la venta de coches particulares y las importaciones, son todas variables que se pueden usar para contrastar o validar los datos de crecimiento. Mientras el PIB chino creció, según las autoridades, 7.0 por ciento, ninguna de las variables mencionadas aumentó. Es más, algunas decrecieron. Otra variable que hace 7.0 por ciento todavía más dudoso, es la actividad manufacturera china, que mostró en agosto su peor desempeño en tres años.

El sector servicios sí ha crecido. El último trimestre lo hizo en 8.9 por ciento. Pero no perdamos de vista que este rubro incluye los servicios financieros, que sin duda han estado impulsados por el mercado de valores. Podemos pensar que este impulso al crecimiento del PIB dado por los servicios financieros es más bien un factor transitorio que no impulsará el crecimiento sostenido de la economía china, y que incluso lo podría frenar.

Vemos por un lado un gobierno que insiste en un crecimiento de 7.0 por ciento y por otro variables claramente relacionadas que se encuentran estancadas en el mejor de los casos.

Es muy clara la intención del gobierno de China de hacer todo lo posible por revertir esta situación y generar crecimiento. Está usando las herramientas que tiene. Ya bajó las tasas de interés, disminuyó el coeficiente de reservas y le ha inyectado a los mercados y a su tipo de cambio millones y millones de dólares que saca de sus enormes –pero no infinitas– reservas internacionales.

El gobierno chino ha expresado en repetidas ocasiones su interés en hacer reformas de fondo en su economía. Reformas que flexibilicen sus mercados y la hagan más competitiva y abierta. No estaría mal que empezara transparentando sus cuentas nacionales.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

También te puede interesar:
Al sexenio le quedan tres años y al país muchos más
La depreciación, la inflación y la Profeco
¿Gastar o invertir en educación?