Opinión

El domingo

  
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Voto nulo

Finalmente, hay que votar este domingo. Hoy acaban las campañas, encuestas, y espero que spots, y el domingo habrá cerca de 190 mil casillas, cada una con al menos seis ciudadanos para recibir los votos de cerca de 30 millones de mexicanos (si el abstencionismo es similar a otras ocasiones). Ahora hay diez partidos, que según las encuestas podemos dividir en dos grandes, tres medianos, y cinco pequeños, dos o tres de los cuales terminarán su existencia este domingo, porque es posible que no alcancen el 3.0 por ciento requerido para sobrevivir.

En redes sociales ha habido una gran discusión acerca de anular el voto, que va y viene al menos desde la elección de 2009. Los anulistas esgrimen dos argumentos. Uno es que todos los partidos son iguales, y quieren decir igual de malos, de forma que votar sólo legitima que uno de ellos gobierne. El otro argumento es que votar no sirve de nada, y que se requiere un cambio de sistema.

No me parece que los diez partidos sean iguales, aunque sí muy parecidos, y en sus defectos, parecidos a cualquier partido de cualquier país: faccionalismo, corrupción, ineptitud. Son organizaciones humanas, y comparten nuestras virtudes y defectos, individuales y colectivos. No creo que se puedan localizar grupos de personas sin estos defectos, ni en política, ni en religión, ni en negocios o beneficencia.

En cuanto al sistema, efectivamente está construido para beneficiar a los partidos existentes. Así ocurrió desde 1997, cuando dejamos atrás el otro sistema, autoritario y corporativo, que era mucho peor y que es el origen de buena parte de nuestros males. Si alguien cree que este sistema va a cambiar solo, se equivoca. Hace un par de semanas le proponía mi argumento: será la sociedad civil la que logre desplazar a los partidos, y esa sociedad civil no existía en 1997 y apenas ahora empieza a existir.

Así que no parece que anular el voto tenga mucho efecto. Tampoco lo tiene en términos negativos. Hay quien afirma que la anulación implica beneficiar a los partidos pequeños, pero es una falacia argumentativa. La otra queja es que el voto nulo fortalece al PRI, por su capacidad de movilizar el día de la elección, pero los resultados de las elecciones anteriores la desmienten.

En cuanto a las proyecciones, hemos visto encuestas que dicen exactamente lo contrario en varios de los estados en disputa, y en las delegaciones más competidas en el Distrito Federal. Así que obligadamente alguien resultará sorprendido el domingo por la noche. Y tal vez lo mismo ocurra con la distribución de la Cámara de Diputados, si la enfermedad de las encuestas en otros países nos alcanza. Ya lo sabremos.

Dicen que Lenin decía, al referirse a sus menguadas fuerzas: “con estos bueyes hay que arar”. Recuerde que la gran diferencia entre los países que llamamos desarrollados y los que no lo somos es un asunto de instituciones: desde elementos culturales hasta organizaciones y leyes. Construir un Estado fuerte, limitado por la ley y responsable frente a los ciudadanos, y una sociedad que celebre la producción de riqueza y desprecie los privilegios no es cosa sencilla. Si espera usted que con su voto (o anulación) todo esto se construya, vive en el error. Si quiere un país desarrollado, además de lo que haga el domingo, construya sociedad civil. No hay de otra.

Twitter: @macariomx

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