Opinión

El dogma del “déficit cero”


 
 
El gobierno federal mantiene como uno de sus “compromisos económicos fundamentales” cerrar el año con finanzas públicas equilibradas, pese al riesgo de caer en recesión.
 
 
Para 2013, el Congreso de la Unión aprobó, a propuesta del Ejecutivo, una meta anual de equilibrio presupuestario sin considerar la inversión de Pemex, que es como se evalúa el déficit o superávit a partir de 2009.
 
 
Así, se tiene contemplada una reducción de 3.2 por ciento en términos reales del gasto público para este año, independientemente del ajuste que ha tenido lugar en la parte inicial de la administración del presidente Enrique Peña.
 
 
El retorno al equilibrio se planteó con base en lo establecido en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, después de cuatro años de déficit en las finanzas públicas.
 
 
Regreso al equilibrio
 
 
Esos déficit fueron resultado de la aplicación, en el gobierno de Felipe Calderón, de un estímulo contracíclico que permitió enfrentar los efectos de la crisis financiera internacional de 2009.
 
 
La ley citada prevé que solamente en casos de excepción es factible incurrir en un déficit presupuestario, que se financia con endeudamiento.
 
 
No obstante, regresar al equilibrio en las condiciones económicas actuales es cuestionable dados sus efectos restrictivos en el gasto.
 
 
Si se quiere que el gasto fortalezca el crecimiento de la economía y la generación de empleos, el objetivo de cero déficit presupuestario no debe ser un dogma.
 
 
Incurrir en un déficit temporal y moderado vinculado al ciclo económico, no implica renunciar al compromiso de tener finanzas públicas sanas.
 
 
Subejercicios en el gasto
 
Las cifras sobre las finanzas públicas publicadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) al cierre de julio dejan ver que, contrario a lo que aseguran las autoridades gubernamentales, el ejercicio del gasto no se ha regularizado.
 
 
Durante el periodo enero-julio de 2013, el gasto programable del sector público se contrajo 4.6 por ciento real anual, siendo su mayor reducción para ese lapso desde 1995, como lo reportó El Financiero.
 
 
Sólo en julio, el gasto programable disminuyó 5.3 por ciento en términos reales respecto de igual mes del año anterior. Así, en cinco de los siete primeros meses del año decreció en su comparación anual.
 
 
De acuerdo con la información de la SHCP, el gasto programable representó 97 por ciento del monto previsto para el periodo enero-julio.
 
 
Factor cambio de gobierno
 
 
La dependencia a cargo de Luis Videgaray ha argumentado que para 2013 –primer año del gobierno de Peña- el gasto se concentra principalmente más hacia la segunda mitad del año.
 
 
El hecho es que el gasto público mantiene el comportamiento observado desde el cuarto trimestre de 2012 y en el primer semestre del presente año como parte del cambio de administración.
 
 
El no ejercicio de todo el presupuesto programado es uno de los factores que han acentuado la desaceleración de la economía mexicana, presente desde finales del año pasado.
 
 
De manera particular, el gasto de capital, que representa 22 de cada cien pesos del gasto programable, se contrajo 8.2 por ciento real anual en el periodo de siete meses, y 9.2 por ciento en julio.
 
 
A su interior, la inversión física, que representa 94 de cada cien pesos del gasto de capital, retrocedió 3.3 por ciento en términos reales en enero-julio frente a la reportada en el mismo lapso de 2012, aun cuando en el último mes repuntó 15.1 por ciento anual.
 
 
Política fiscal restrictiva
 
Tal aceleración, en opinión de algunos analistas, es una señal de la reactivación del gasto de inversión.
 
 
Sin embargo, el menor gasto de inversión pública en los primeros meses del año contribuyó a la desaceleración en el ritmo de crecimiento de la economía.
 
 
La política de gasto público está lejos de fortalecer la actividad económica y la generación de más y mejores empleos.
 
 
El gobierno federal eligió el peor momento para adoptar una postura fiscal restrictiva.
Twitter: @VictorPiz