Opinión

El doctor y su tormenta

07 febrero 2013 7:52

 
 
Era el último trimestre de 2007 y pocos pensaban que estuviéramos en la antesala de una crisis internacional.
 
Era el caso del entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens.
 
Así lo expresó y quedó para la historia de las frases célebres.
 
"Antes, cuando la economía de Estados Unidos se desaceleraba, la de México también. Ahora pasa lo contrario, cuando Estados Unidos tiene neumonía, México sólo tiene un catarrito."
 
La terrible pulmonía que padeció nuestra economía, con una caída de 6% en el PIB en 2009, fue un mentís para el funcionario.
 
Pareciera que el doctor Carstens quedó vacunado desde entonces.
 
El análisis que hizo hace un par de días en Singapur probablemente parezca a algunos excesivamente cauto. A mí me parece que simplemente pone los puntos sobre las íes.
 
Ahora lo dicho fue lo siguiente:
 
"Hoy, mi temor es que se esté formando una 'tormenta perfecta'", como resultado de lo siguiente:
 
1) Flujos masivos de capital hacia algunas economías emergentes y otras economías desarrolladas de fuerte desempeño.
 
2) Esto puede conducir a burbujas caracterizadas por una incorrecta apreciación de los activos.
 
3) "En el futuro se podría enfrentar una reversa en el flujo de capitales, en la medida que se abandone la política monetaria acomodaticia en las naciones desarrolladas."
 
Todas las crisis de la historia han tenido como característica el disparo de los precios de algunos activos y luego su depreciación rápida.
 
En el caso de las economías emergentes, eso se puede expresar en el fortalecimiento de los tipos de cambio.
 
Respecto a las advertencias de Carstens, le puedo decir que hay 2 noticias: una buena y otra mala.
 
La buena es que de acuerdo con lo que se observa en la definición de políticas de la Reserva Federal y de otros bancos centrales, no habrá en el corto plazo un cambio significativo en las políticas monetarias.
 
Es decir, las tasas de interés en el mundo desarrollado continuarán bajas, incluso muy bajas, por un tiempo largo, quizás dos o 3 años.
 
La mala es que tarde o temprano habrá un cambio de dirección en la política y si ese movimiento no se ha diluido en el tiempo, será casi inevitable que ocurra lo que dice Carstens.
 
Es algo así como la inevitabilidad de un huracán. Hay zonas en las que se sabe que habrá este tipo de tormentas, aunque se desconoce la fecha precisa y la intensidad con la que llegarán.
 
Desde esa premisa, adquiere mucho sentido para países que han recuperado tasas de crecimiento más altas que el promedio -como el caso de México- operar con políticas financieras relativamente conservadoras.
 
Digamos que la visión que expresó Carstens en Singapur no va tanto de la mano con el tono del comunicado de la junta de gobierno ni con las minutas dadas a conocer el viernes pasado.
 
Si son ciertas las consideraciones del gobernador del Banxico, hay que operar la política económica con un pie en el freno; es decir, a la espera de que haya otra gran sacudida financiera en los próximos años.
 
Y eso implica mantener la prudencia como la norma de la política fiscal.
 
Ese hecho tiene implicaciones para la futura reforma fiscal, pues sólo en función de los recursos adicionales que ofrezca (más lo que se consiga de la reingeniería del sector público) habrá márgenes para financiar una parte importante de los proyectos sociales y de infraestructura.
 
Ya lo dijo una vez la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en las 'tormentas perfectas' no hay dónde guarecerse, así que lo único que podemos hacer es prepararnos para que nos tome bien parados.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx