Opinión

El 'Divo' de Juárez

 
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Juan Gabriel. (Cuartoscuro)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó la noticia en su periódico Reforma: Juan Gabriel volvió a caminar sobre la avenida Juárez, como cuando componía las canciones de su juventud y cantaba en el Noa-Noa. Allá, en su natal Juárez (así se dice), Juanga develó un mural que lo inmortaliza en la época de sus esforzados inicios, a los 21 años. Usted ve el mural de Arturo Damasco y el alma se le va a los pies. Un Juan Gabriel aparentemente joven, en la pintura todo es aparente, con una boca de corazón y un rizo en la frente mira al porvenir, lo que se llama una mirada póstuma.

Cientos de personas repletaron las calles 16 de Septiembre y Abraham González para acercarse al Divo, a quien acompañaron el gobernador de Chihuahua, César Duarte, y el alcalde de Ciudad Juárez, Enrique Serrano.

Dice la nota de Pedro Sánchez: “ataviado con un traje negro cuyo saco se quitó al llegar al lugar para dejar ver una camisa estampada con su nombre, agradeció el cariño de los juarenses: ‘Estoy muy agradecido porque antes de ser Juan Gabriel soy agradecido’”.

A Gil le gustó la frase y la expropió en el acto para consumo personal en el amplísimo estudio: antes de ser Gil, Gamés es agradecido: Gil Gamés Agradecido, así como lo oyen. El Divo dijo: “ni componiendo más canciones a Juárez podría pagar lo que esta ciudad nos dio a mí y a mi familia. Juárez te amo. No me despido porque los voy a llevar en el corazón”.

Semana Mayor

Los días santos se acercan y Gil ha recordado, precisamente, el libro clásico de Monsiváis: Días de guardar. Recordó además de esas páginas y a propósito de Juan Gabriel las hojas impresas en Escenas de pudor y liviandad sobre ese personaje. Ese libro, como dice la nota introductoria “recopila crónicas escritas entre 1977 y 1987, el tema común es el espectáculo y sus figuras, la mudanza de costumbres a que obligan la época y la demografía, y la cultura popular urbana, o como quiera llamarse eso que es realidad viva para millones de personas, nostalgia inducida, efectos de las personalidades únicas sobre los modos de vida, industria cultural y respuestas colectivas al proceso de modernización”. Al terminar de leer esas líneas, Gilga sufrió un escalofrío. Dioses, ¿todo eso que escribió Monsiváis incluye a Juanga? Porque efectivamente en Escenas de pudor y liviandad hay una crónica-ensayo-narración sobre el Divo de Juárez.

El corazón simple de Gamés lanza una pregunta al viento: ¿todas esas cosas que Monsiváis escribía de la cultura popular retrataban al personaje en cuestión o retrataban más bien los sueños de Monsiváis? Gamés aún no ha perdido la razón. Cuando Monsiváis escribía de María Félix, el Indio Fernández, Dolores del Río, Celia Montalbán, la intrincada prosa parecía buscar una profundidad, pero rayos y centellas, cuando Monsiváis escribió de El Chico de la Ibero (el Chiquitiguau) y de Juan Gabriel, el asunto era como observar a la escoba y el trapeador y escribir un sesudo ensayo sobre la maravilla de estos objetos, sucios como eran, pero interesantes porque lo decía Monsiváis. ¿Juan Gabriel es un gran compositor? No. Un compositor de gran éxito que Gil canta en las altas horas de la noche, un poco con vergüenza, otro poco a risotadas. “Yo no nací para amar, nadie nació para mí…”.

El ídolo

Escribe Monsiváis en su crónica-ensayo-narrativa-dioptría-palanqueta: “Un ídolo es un convenio multigeneracional, la respuesta emocional a la falta de preguntas sentimentales, una versión difícilmente perfeccionable de la alegría, el espíritu romántico, la suave o agresiva ruptura de la norma. Sin estos requisitos se puede ser el tema de una publicidad convincente, el talento al servicio de las necesidades de un sector, la ofuscación de la vista o del oído, pero jamás un ídolo”.

Estas palabrotas fueron escritas en el ensayo-matraca-tambor-espantasuegras titulado Instituciones: Juan Gabriel, que Carlos Monsiváis propuso al mundo en el libro de marras y marros. Con la pena, pero es demasiado jamón para tan poco huevo, o sea, demasiada interpretación para tan poco tema y tan poco personaje. Grandes luces de la inteligencia, un tanto incomprensibles por cierto, para iluminar a la mosca de un cantante de Ciudad Juárez: Queridaaa, no me ha sanado bien la heridaaaa! ¿O cómo era? Pero no nos pongamos roñosos en vísperas de los días santos: el mural de Juan Gabriel está muy bonito y los ensayos de Monsiváis sobre el Divo son muy buenos y punto com.

La máxima Víctor Hugo espetó dentro del ático de las frases célebres: “¿Popularidad? Eso es la gloria en centavos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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