Opinión

El dinero, poderoso pero no prudente

 
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Lavado de dinero.

Las fuerzas vivas se desentumen y se aprestan a participar en la campaña electoral. Sea mediante las encuestas al gusto del cliente, que todavía pululan, no obstante el esfuerzo hecho en contrario por los profesionales demoscópicos; o mediante declaraciones de ocasión, trascendidos y otras especies propias de la realpolitik, los empresarios y sus voceros buscan un lugar bajo la tormenta mediática y se disponen no sólo a dejar oír su voz, sino a influir en el rumbo y ritmo de la disputa así como en sus resultados.

Algunos personeros del gran capital hicieron punta y abrieron sus preferencias con y sin permiso de sus congéneres gremiales o de sector; otros andan por ahí en pos de un espacio desde el cual hacer brillar sus posiciones y preferencias. Es como si se tratara de un pleito no sólo anunciado sino cantado, como si fuese una pelea estelar en el palenque. Los gallos ya salieron pero las puertas no se han cerrado porque otros pretendientes reclaman unos minutos de gracia, como ocurre con el autodesignado Frente Amplio Ciudadano.

Por su parte, los independientes hacen su lucha sin mirar a los lados desde donde se les pronostican visitas al fracaso o al olvido, habida cuenta de lo cuesta arriba que ha demostrado ser tener boleto de entrada a la grande. Quizá es aquí, con los mal llamados independientes, donde pudiéramos encontrar muestras fehacientes, lecciones de lo mal hecho y contrahecho de nuestro sistema político, una vez que el pluralismo devino en poliarquía de segunda y los partidos optaron por ser y parecer cada vez más 'clase' y cada vez menos políticos.

No creo que sea revelación contraria a la pureza democrática proponer que los partidos realmente existentes no agregan intereses sociales y económicos amplios y trascendentes, menos que los representan.

Tampoco atraen a la ciudadanía para ejercicios de pedagogía democrática. Se han vuelto cajas de resonancia de los intereses más enfeudados y miopes, o del gobierno al que le aprueban lo que sea en asuntos que solían entenderse como la savia de la deliberación abierta.

Tal es, por ejemplo, el misterioso caso de las finanzas públicas que el ahora precandidato priista dejó bien atadas, antes de quitarse el saco y remangarse la camisa. En su momento, no chistaron los opositores ni los diputados y senadores del partido que lo 'ha hecho suyo', quienes han visto afectadas sus regiones, sectores e intereses de grupo y corporación debido a la nada argumentada, menos discutida en el Congreso de la Unión, estrategia de austeridad que ha resultado más bien concurso de tijeretazos.

Por ese camino, más que afrontar la madre de todas las elecciones por su tamaño, variedad y conatos de crispación, es probable que vivamos meses de abulia pública e intercambios, no digamos que sin contenido, sino carentes de intención y ambición ganadora. Adiós a la bienhechora competencia y confrontación de alternativas. Se apoltrona la cínica aquiescencia.

Es como si el presente continuo que buscaba implantar el neoliberalismo corriente por fin se hubiera instalado entre nosotros; a pesar de la frustración que en toda la línea rodea hoy a dicho proyecto. Ha habido mudanzas y mutaciones varias, pero lo que no se ha podido construir es la capacidad de adaptación del Estado; tampoco bases firmes para el crecimiento de la economía frente a tanto vuelco del mundo y su secuela de crisis y oscilaciones drásticas, como las vividas en lo que ya se volvió decenio del miedo.

Se requiere reinventar, y pronto, aquello de la ética de la responsabilidad que se espera de los políticos. Pero también, e igual de urgente, es la responsabilidad y rigor de los principales actores y agentes de la economía y las finanzas. En ello se ha cifrado la estabilidad y el cuidado de la moneda, que por mucho tiempo han sido identificados con la estabilidad del sistema, y hoy no parecen muy dispuestos a hacer esto.

Para muestra un botón: el banquero Robles Miaja nos advierte que “la elección de 2018 es más riesgosa que el TLCAN… Aún si desapareciera el TLCAN la integración de la región es inevitable dado que es la más competitiva del mundo… El riesgo que me parece aún más grave es el proceso electoral… No es un tema de Andrés Manuel López Obrador… contra José Antonio Meade, sino de aquellos que piensan en términos demagógicos y quienes hacen propuestas reales”.

Ítem más, ya entrado en gastos: “México lleva —y lo veo como algo positivo y los actores económicos también lo observan así— siguiendo una política económica consistente y responsable… que nos ha permitido llegar a los estadios de desarrollo que tenemos. Sin estabilidad económica no hay crecimiento que valga (por eso), una declaración equivocada de cualquier candidato puede espantar a los inversionistas y eso llevarlos a sacar su dinero del país” (La Jornada, 05/12/17, p. 22, entrevista de Roberto González Amador).

Pues bien, según este fervorín, no es el bajo crecimiento lo que nos aqueja, como nos dice y redice el Fondo Monetario Internacional; no son la inseguridad y la violencia, como ha dicho el Banco de México. Es un 'Superman' boquiflojo frente a cuyas intemperancias nada puede hacer la banca responsable, sólida y prudente que nos dejara la privatización a ultranza después del 95, cuando según nuestro banquero empezó “la política económica prudente y responsable”.

Para meter cizaña y acercar leña al fuego, que por lo pronto ni se ha encendido, no se necesita de ocurrencias estridentes.

Qué pena.

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