Opinión

El dilema de los rendimientos

Estará de acuerdo conmigo el lector que un acto básico para tener unas finanzas sanas es el ahorrar; es decir, moderar el gasto como una forma de previsión. Sin embargo, el siguiente paso es destinarlo a una inversión para cubrir al menos el crecimiento de los precios y, de ser posible, obtener una rentabilidad real. La pregunta en estos momentos sería, en dónde están esas opciones y cuáles son sus riesgos.

Cuando las economías pasan por etapas recesivas, la estrategia en general tiende a reducir las tasas de interés para intentar impulsar al aparato productivo por dos mecanismos. Por una parte, abaratar el endeudamiento de las empresas, pero también el fomentar el gasto de los particulares, lo que hace elevar la demanda de bienes y servicios.

Si bien esto parece ser positivo para el país en general, puede ser dañino en demasía para las finanzas familiares, porque literalmente no hay una inversión segura que otorgue un rendimiento que compense el alza de los precios y, por tanto, se pierde el poder adquisitivo, mientras el fomento al gasto y compras a crédito provoca un fuerte desbalance en el presupuesto y la viabilidad futura.

En México, basta consultar la información bancaria para darnos cuenta que si se quiere tener un depósito a la vista será sin intereses y habrá comisiones. En la medida en que los montos son mayores y hay disposición de dejar el recurso por más tiempo, las tasas netas van de menos de uno por ciento y llegan, si bien van, a porcentajes del 4. Esto es similar a los premios ofrecidos por los instrumentos gubernamentales como los Cetes que a 28 días se sitúan ligeramente arriba del 3 por ciento en su emisión primaria.

En tanto, los precios han aumentado y los analistas estiman que la inflación anual en 2014 pueda alcanzar hasta un 5 por ciento. La conclusión es sencilla: en las alternativas seguras que son los depósitos tradicionales, se pierde dinero, pues al término de un año su poder adquisitivo bajará.

En el otro extremo, con mayor riesgo está la Bolsa Mexicana de Valores que tampoco ofrece un panorama muy alentador. En 2013 el Índice de Precios y Cotizaciones cayó en 2.24 por ciento, en tanto en lo que va de 2014 tiene una pérdida acumulada similar.

Si antes se recomendaba que se comprara un fondo o un ETF que replicara el comportamiento del mercado, ahora esta aseveración carece de sustento.

Efectivamente hay acciones que en particular tuvieron un buen desarrollo y sí hubo afortunados que en las transacciones cotidianas tuvieron rendimientos significativamente altos; empero esto es producto de conocimiento, análisis y habilidad para decidir el “timing” de la compra-venta. Por supuesto, también deber aceptarse la posibilidad de pérdidas importantes.

Si bien, hay perspectivas alentadoras como producto de los avances de las reformas estructurales, es un hecho que hay incertidumbre sobre cuándo impactarían favorablemente al mercado. Pues al contrario, los cambios fiscales impusieron un costo adicional a las transacciones, al grabar las ganancias.

En síntesis, si se quiere tener rendimientos por arriba del proceso inflacionario es un mundo para los arriesgados. Si el lector preguntara ¿cuál es una inversión segura que mantenga su poder de compra? La respuesta es simple: ninguna.

Quedan otras alternativas, como son los bienes raíces que conllevan altos montos y un criterio más cercano a un negocio que a una inversión financiera. Peor aun cuando la Secretaría de Hacienda le ha impuesto un costo adicional a las transacciones.

El tipo de cambio, por su parte, sigue inestable, además de haber evidencias de que en el largo plazo no es buena inversión.

Por tanto, por las mismas condiciones de la economía y de las disposiciones de las autoridades monetarias quedarían tres posibles posiciones: 1) aceptar un rendimiento real negativo en las opciones tradicionales; 2) buscar un fondo de inversión de renta fija que tenga instrumentos de deuda privada con empresas sólidas; o 3) disponer de un monto para el mercado de capitales, con un muy buen asesoramiento y correr el riesgo que ello implica.