Opinión

El dilema de intervenir en Siria llega a su fin

10 febrero 2014 4:18 Última actualización 17 septiembre 2013 5:5

Mauricio de María y Campos
 
 
 
Para los que proponían la “intervención humanitaria” en Siria, el camino de Damasco no resultó tan fácil como el camino a Trípoli. La negociación entre Rusia y los EU ha  evitado que el conflicto se convierta en una tragedia mayor para la población siria y  toda la región.
 
 
En 1859, el pensador británico, John Stuart Mill propuso establecer un criterio racional respecto a la intervención de un país en los asuntos de otro, así como la justificación de no intervenir. 
 
 
Para Mill se justificaba intervenir en el caso de una guerra civil crónica, donde no había posibilidades de una solución rápida y se corria el riesgo de que se agudizara el  sufrimiento de la población o cuando la parte más fuerte se imponía por métodos de lesa humanidad.
 
 
Un año más tarde Gran Bretaña y Francia  mandaron una fuerza conjunta a lo que es hoy en día Siria y Líbano, tras del colapso del imperio otomano y las masacres de maronitas cristianos en Damasco y Sidón: una “obra humanitaria” que  pronto mostró los intereses de GB, Francia y  Rusia, actuando cono protectores auto designados de minorías, pero también ávidos de  accesos a mercados y recursos ante el derrumbe del imperio otomano.
 
 
El debate reciente ha estado   embarrado de los fantasmas  y realidades desastrosos de las últimas décadas, de Bosnia a Afganistán, Irak y Libia, pero  también de 100 mil muertos en Siria y la amenaza de la utilización de armas nucleares y aviones no tripulados (drones).
 
 
La conflictiva ha estado enredada entre un gran número de actores: algunos vecinos, como  Irán, Turquía y los países del Pérsico; otros lejanos geográficamente pero con intereses regionales: los EU, Rusia, Francia, Gran Bretaña y China. Lo que quedó claro también es que lo que sucediera en Siria no se quedaría ahí. 
 
 
Aunque la guerra civil ha tenido muchas aristas, la cuestión a la que se le dio la máxima  importancia desde hace un  mes  fue la evidencia de  que se aplicaron armas químicas el 21 de agosto. Pero ¿quién las usó? ¿Por qué se alimentó a los rebeldes desde hace un par de años y se toleró la matanza de 100 mil iranís y ahora se utilizaba   el argumento del supuesto uso de las armas químicas por el gobierno de Assad para intervenir?
 
 
Assad reconoció que  tenía reservas importantes, pero que no sería tan tonto de aplicarlas y pidió a los medios  que el gobierno norteamericano mostrara las pruebas. Los EU se resistieron a mostrarlas. Los inspectores de la ONU no dieron  su informe final. 
 
 
Para los EU estaba en juego su  lugar como gran potencia. Parecía decidido a un ataque limitado por vía aérea, aunque tuviera que ir acompañado esta vez sólo por un puñado  de aliados cercanos, como Francia, Turquía, Israel y Arabia Saudita.
 
 
La Unión Europea estuvo dividida con una posición  generalizada en contra.
 
 
A veces se olvidaba, como lo señalara el excanciller de la UE, Javier Solana, que el  país clave con el que EU y Europa tenían que negociar era Irán, fortalecido en la región por los fracasos  de EU y la OTAN   en Irak y Afganistán  y la presencia de Hetzbollah.
 
 
Algunos estrategas se olvidaban también  que Rusia nunca ha quedado satisfecha desde el colapso soviético con la pérdida de sus repúblicas islámicas ricas en petróleo y gas  y que sufre de tiempo atrás malestar en   sus repúblicas islámicas del Cáucaso
 
 
China, aunque más lejana geográficamente, tiene también sus   inquietas repúblicas islámicas y un nuevo status e interés estratégico político y económico en la zona, donde se construyen diversos gasoductos claves para su abastecimiento energético.
 
 
Los países árabes en última instancia mostraron estar divididos. Arabia Saudita y Qatar han liderado permanentemente el  apoyo  suni en oposición a Assad, pero encontraron con el tiempo la resistencia de Argelia y Egipto, temores fundados del vecino Jordán y la presencia creciente de las fuerzas de Al Qaeda, prestas a  llenar los vacios que dejaba la guerra civil.
Desde hace una semana  Obama  dejó la decisión en manos de un  Congreso de los EUA dividido,  sin importarle  el informe de los inspectores de la ONU. Quedaba claro que con un Consejo de Seguridad enfrentado y  la opinión mundial  cada vez más adversa a  una intervención unilateral,  iba a tener que ejercer su  decisión en solitario y con riesgo de avivar una guerra de extensión y duración incierta.
 
 
La iniciativa rusa y el arreglo entre Kerry y Lavrov, tras 3 días de negociaciones, fue un triunfo de la razón y la diplomacia, que revive  la solución pacífica del conflicto: Assad tendrá que identificar sus inventarios el sábado 21 y firmar la Convención Mundial que prohíbe las armas químicas; los inspectores habrán de comprobar in situ en noviembre que Siria ha eliminado  el equipo para producirlas.
 
 
Mill también aseveró que la no intervención era una opción moral válida, si el resultado previsible  de intervenir puede ser echarle más fuego al fuego y extender un conflicto regionalmente. La historia parece validarlo.