Opinión

El dictador ya tiene su partido

En teoría, la mesa está puesta para que la izquierda gane abrumadoramente las próximas elecciones federales y su llegada a Palacio Nacional sea sólo un trámite de tiempo.

Con los temas de corrupción sin aclarar, la falta de resultados en la economía, más la inseguridad, no habría motivo para negarle el voto a la alternativa política que no ha sido responsable del Poder Ejecutivo.

Sin embargo, la izquierda no quiere gobernar. Optó por dividirse. Y sus gobiernos estatales no son ejemplo de nada constructivo.

López Obrador partirá a la izquierda en dos, y así no van a ganar nunca.
Como él no sabe convivir con quienes piensan diferente aún en cuestiones de forma, creó un nuevo partido donde su palabra es la ley.

Por eso se fue del PRD, porque estaba obligado a convivir, a discutir y a consensuar con otras corrientes que no eran coincidentes al cien por ciento con sus estrategias.

Sabe dictar, no sabe dialogar ni llegar a acuerdos.

Él dice quién va a ser candidato a qué cargo.

Él fija la estrategia y los demás deben plegarse a ella.

Él rechaza o aprueba las alianzas sin asambleas deliberativas de por medio.

Él determina el sentido del voto de sus seguidores en el Congreso.

Él se autoproclama candidato presidencial de su partido sin contender con nadie.

Él se reserva el derecho de admisión en Morena.

Un dictador con partido propio, pues.

Y en el PRD, que tiene la mayor estructura partidaria de la izquierda, hay un absoluto desconcierto con la aparición de Morena en el escenario político.

Los líderes perredistas alinearon a sus diputados y senadores para votar en contra de la ley de telecomunicaciones, a pesar de que estaban de acuerdo en puntos esenciales de la nueva legislación.

Si alejamos la tentación de pensar que fueron cooptados (por decirlo elegantemente) por el monopolio de las telecomunicaciones, habrá que concluir que el PRD decidió ser tan radical como Morena.

Esa postura es la de López Obrador, que desde hace muchos años decidió posesionarse con la estrategia de rechazar todo aquello que venga del Ejecutivo federal.

Los perredistas han perdido la oportunidad de singularizarse como partido de izquierda, y de dejar a Morena en la franja de la marginalidad que suelen ocupar los radicales.

Ese perfil propio se construye con hechos, como son los votos en el Congreso y la acción de los gobiernos emanados de sus filas. Nada de eso tiene el PRD. Sólo discursos.

Mala hora eligió la izquierda para dividirse y evidenciar su incapacidad de asumir una postura constructiva ante los problemas nacionales.
La mesa parece estar servida para que ganen, pero van a perder porque se han radicalizado al son que toca la flauta del exjefe de gobierno.

Las reformas estructurales que se han aprobado tardarán en impactar positivamente en la economía. A la vista de todos se encuentran escándalos de corrupción no resueltos y la inseguridad que deshace estados completos.

Pero ante eso la izquierda no es opción, porque está dividida y su radicalismo sólo puede empeorar las cosas.

No van a ganar, aunque haya condiciones y el dictador ya tenga su partido.