Opinión

El diablo por viejo

 
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INE. Alejandro Meléndez.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil dio un reparo de caballo grande al escuchar la noticia. El presidente del lNE, Lorenzo Córdova, presentó una denuncia ante la PGR después de que se hiciera pública una conversación telefónica que sostuvo con el secretario ejecutivo del Instituto, Edmundo Jacobo Molina, en la cual se burla de la forma de hablar de un indígena con el cual sostuvo un intercambio a finales de abril. Expuesta al público, la grabación, privada y desde luego ilegal, es un batacazo al prestigio y la buena fama de Córdova y un intento serio para restarle credibilidad al INE.

Los enemigos de Córdova, que no son pocos, decidieron dar a conocer la nata podrida de esa grabación dos semanas antes del fin de las campañas, un día antes de la multa al Verde que podría quitarles tiempo en radio y TV. ¿A quién le conviene un INE débil y un presidente consejero en crisis? A muchos actores de la vida pública, ¿verdes?, ¿rojiblanquiverdes?¿morenos? ¿perredenos? En el amplísimo estudio de Gamés se oyó un lamento: ay, mis hiijooss.

Privado

Gamés quisiera confesar con ayuda de la poesía que cuando ha hablado por teléfono ha sido capaz de decir mil chingaderas (ah, el lirismo de las palabrotas). De amigos y amigas, de la vida pública, de personas a las cuales apenas y conoce, de libros y de películas, de señoras, señores, señoritas y señoritos, ¿ven el énfasis? El teléfono es un artefacto en sí mismo injurioso. “Son comentarios jocosos y desafortunados dentro de una conversación personal”, dijo, o maldijo, Córdova.

Gil se ha engolosinado diciendo a diestra y siniestra cosas muy locas, no siempre difamatorias, de seres humanos quizá respetables en el teléfono, aparato que transforma a las personas. Ahora mal: si has sido nombrado presidente consejero del INE y no te has dado cuenta de que más de medio México te vigila, con la pena. Levantas tu acta en la procuraduría, pero el daño está hecho. Si no te callas la boca al teléfono, ocurre lo que hemos leído en los periódicos, un escándalo mayor. Lorenzo, a ponerse las pilas, caramba, que desde la Grecia clásica unos políticos espían a otros políticos. Lorenzo, canastos, póngase la Rayovac. Gilga recordó a su extinto padre diciendo esta frase: más sabe el diablo por viejo que por diablo.

A ver, wey

“A ver, wey, Edmundo, no mames, no voy a mentir, te voy a decir cómo hablaba ese cabrón. Me decía: yo jefe, gran nación Chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti, o diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones. No mames, cabrón, cuando te estoy diciendo, es que este wey, no sé si sea cierto que hable así cabrón, pero no mames, vio mucho el Llanero Solitario con eso de Toro, cabrón, no mames, o sea. Nada más le faltó decir: yo gran jefe Toro sentado, líder de gran nación chichimeca, no mames cabrón, no, está de pánico, no mames.”

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: no mames, wey, no mames, Lorenzo. En fon, la burla de “Toro sentado” está fea, pero la repetición de palabras y el tono preocuparon más a Gilga: mames, wey; está caón, wey; serio, wey, no mames. El retintín le ha taladrado el tímpano a Gamés, wey. Si Gil preguntara en qué escuela estudió la secundaria Lorenzo, mames wey, sería una pregunta racista al revés, mejor no preguntarlo.

Gran jefe INE meter la pata hasta el pescuezo. Sí, Gilga sabe que se trata de un hecho ilegal y la manga del muerto, pero no mames, wey. Y luego a pedir perdón a los pueblos indígenas, y a servirle la sopa caliente a Liópez, y a ofrecerle al verde un flanco, y a abrir la puerta a las reclamaciones postelectorales. Dicho lo cual, Gamés considera que esta pifia colosal no le quita al INE su calidad institucional; el mejor maestro es el último error, dijo el clásico.

La máxima de Henry F. Amiel espetó dentro del ático de las frases célebres: “un error es tanto más peligroso cuanta más cantidad de verdad contenga”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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