Opinión

El día que la Miguel Hidalgo demandó a Maraki

    
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María Cristina García Cepeda. secretaria de Cultura. (Cuartoscuro)

En Emilio Castelar 44, en Polanco, existe un condominio de fachada lisa y cuadradas ventanas. Hasta 2006 ese edificio no aparecía en el listado de inmuebles catalogados del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y hasta 2008 tampoco estaba en el registro de ese tipo de valiosas edificaciones correspondiente al Programa Delegacional de Desarrollo Urbano de la Miguel Hidalgo.

En esa esquina hay dos restaurantes, La Loggia y Maruca (que hasta hace poco se llamaba El Comensal).

Esos restaurantes no cuentan con estacionamiento. En esta columna se ha escrito a favor de una reforma a la ley que obliga a los edificios a contar con demasiados lugares para alojar autos. Pero mientras tales disposiciones no se modifiquen, en el caso de los restaurantes, éstos deben contar con un cajón anexo por cada 7.5 metros cuadrados de local (artículo 10 de la Ley de Establecimientos Mercantiles). Se salvan de esa disposición los restaurantes que estén en un edificio catalogado.

Ni Maruca ni La Loggia tienen estacionamiento. Están exentos de esa obligación porque a pesar de lo que dice el primer párrafo de este texto, están ubicados en un edificio que hoy sí aparece en el catálogo del INBA.

Aunque ese edificio fue remodelado a inicios de la actual década, algunos vecinos de Polanco creen que no fue el valor del edificio lo que motivó el que se considerara a ese inmueble como uno digno de ser catalogado. Esos vecinos sospechan que más bien estamos ante un modus operandi de la corrupción: restauranteros logran que el INBA catalogue el inmueble donde se establecerán para burlar la obligación de tener un estacionamiento al lado, o un valet parking que haga las veces de ello.

Esos vecinos, agrupados en La Voz de Polanco, encontraron que el esquema ha llegado al absurdo de que el INBA ha catalogado no un edificio completo, sino tan sólo un local, el que ocupa el ruidoso restaurante Proseco, en Oscar Wilde 20 (primero se catalogó sólo el local 5, ya luego todo el edificio, sostienen esos vecinos).

Y hay otro caso más de súbita catalogación: Julio Verne 89, donde están los restaurantes Bello Puerto, Non Solo Pasta, entre otros.

Tras detectar en 2013 ese patrón de singulares catalogaciones, los vecinos de La Voz de Polanco documentaron los hechos y urgieron a la delegación Miguel Hidalgo para que denunciara los hechos ante la Procuraduría General de Justicia de la capital. Así ocurrió.

En la ratificación de esa denuncia, realizada el 16 de octubre de 2014, Adolfo Román, entonces director jurídico de la demarcación y hoy ocupante de ese puesto en la Cuauhtémoc, sostuvo ante la PGJDF que tras verificar la documentación proporcionada por La Voz de Polanco y “corroborada la posible comisión de hechos delictivos en beneficio de particulares (…) en efecto al parecer, existe una probable red de corrupción del Instituto Nacional de Bellas Artes en contubernio con particulares”.

Román pidió en esa fecha a la PGJDF “señalar día y hora para que comparezca la directora del INBA la Sra. María Cristina García Cepeda (…) a declarar sobre los hechos aquí narrados”.

La averiguación previa al respecto, según les informaron entonces a los vecinos, es FMH/MH-/T1/286/14-02.

Hasta anoche no había noticia en la PGJCDMX sobre si María Cristina García Cepeda, a quien llaman Maraki y quien el miércoles fue nombrada como secretaria de Cultura por el presidente Enrique Peña Nieto, había declarado esta denuncia.

Independientemente de eso, ella podría explicar si estuvo involucrada en lo que la Miguel Hidalgo llamó probable red de corrupción, ¿no?

Twitter: @salcamarena

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