Opinión

El día en que José se convirtió en cerveza


 
En los cuentos infantiles los sapos se convierten en príncipes e invariablemente se casan con la princesa que es delgada y bellísima. Siempre termina el asunto con un "se casaron y vivieron felices".
 
Bueno. Al menos deberían quitarle lo de "vivieron felices", porque con esa idea quienes leyeron esos cuentos, los más atribuibles a Walt Disney, se casan y aunque la princesa de nuestras vidas nada tiene que ver con las princesas de cuentos y películas, uno se queda con la idea de que lo de "vivieron felices" es factible. Pero nunca muy complicado.
 
Pero ese es otro punto. El caso es que el José de esta historia nunca fue sapo ni su amada esposa princesa, pero los dos, a como se les ve, felices son, produciendo cervezas, y están en la lista del "Top ten" mundial de la cervecería artesanal mexicana.
 
Cuando les conoció el autor de esta columna acababan de iniciar el proceso productivo y su vida era un tiradero, pues todo lo que no les salía bien acababan tirándolo.
 
Apenas producían unos cuantos litros y aunque su cerveza era de muy buena calidad, desde ese entonces, su producción en ocasiones resultaba inconsistente.
 
Ahora producen 200 litros diarios y tienen cuatro marcas. Su empresa se llama Jack y son considerados como los productores de cerveza artesanal en la lista, no solo de las más consistentes sino también de las que ofrecen al consumidor el sabor más cuidado en el mercado nacional, que ya no es tan pequeño como pudiera pensarse.
 
Claudia Rivera Álvarez y José Morales Baez iniciaron en 2006 una aventura que hoy les tiene con las calificaciones más altas, entre un mercado que ofrece al paladar mexicano y ya inician a ofrecerlo al extranjero.
 
En México habrá 600 marcas, al menos de 200 productores.
 
Cuando ellos iniciaron eran pioneros al lado de no más de cinco productores que tuvieron que abrir camino y demostrar las cualidades y virtudes de las cervezas artesanales mexicanas.
 
Antes las cerveceras industriales mexicanas, bueno… en principio de cuentas eran todas mexicanas, les hicieron la guerra a esos muchachos no vendiéndoles materia prima que ellos acaparaban.
 
Luego Vitro les exigía a las cerveceras la compra de grandes cantidades de botellas para poder surtirles. Si producían cinco litros diarios les quería vender botella como para 10 años. Además, las cerveceras comerciales condicionaban a los establecimientos a los que vendían sus productos a que no aceptaran a las cerveceras artesanales.
 
Hoy Vitro acepta proveerles pequeños lotes de botellas, la malta se consigue, se importa, las amenazas de las cerveceras industriales se han atemperado y a José, sus proveedores extranjeros de materia prima le siguen llamando Jack, porque decirle José se les hace más difícil. Pero la empresa se llama Jack desde hace más de seis años, cuando por ocasión primera produjeron sus productos derivados simplemente del gusto por saber cómo se hace una cerveza.
 
Cabe mencionar que ni la Princesa Claudia ni el Príncipe José son cerveceros. Se tomaban una de vez en cuando pero nunca, nunca, fue una práctica cotidiana. Su incursión en la parte productiva debe de contemplarse solo como una mera curiosidad que llegó para quedarse, como puede verse. Han avanzado mucho como para pensar en que "se echen para atrás".
 
Hoy tal guerra no existe, al menos en sus características iniciales. Los muchachos consiguieron en el extranjero materia prima de mejor calidad que la que pudieran conseguir en México, que además sigue acaparada por las grandes productoras que por cierto ya no son todas mexicanas.
 
Los muchachos de esta historia producen 200 litros diarios y tienen ya mercado e incluso cervecerías especializadas en la venta de cervezas artesanales a las que surten.
 
Las marcas de estos muchachos (ellos, como usted y como yo siguen siendo muchachos) son: la Clown Smile, una tipo Scottish Ale, de maltas rojas con 8.5 grados de alcohol con notas amieladas, azafrán español y un maridaje muy recomendado para llevarla a acompañar con paella y mariscos.
 
La segunda es la Jack Stout que fue en realidad su primer producto y el que abrió el nombre de la empresa. Se trata de un cerveza 100 por ciento de malta, ligera con un amargor suave, 5.4 grados de alcohol y notas a café, a plátano macho maduro y frutos negros.
 
Luego sigue la Jack Chocolate estilo Stout dulce sin dominar, equilibrada en sus notas de café y chocolate. Es su cerveza más buscada de lúpulo medio. Tiene 7.5 grados de alcohol.
 
Cierra la lista por el momento la Alebrije que nada tiene que ver ni con Mari Carmen Cortés, Pepe Yuste y Marco Mares que no leen esta columna, pero son amigos del autor de Universo Pyme. Tiene 5.4 grados de alcohol afrutada con claras notas a mango, a frutas. Estilo Weizen.
 
Lejos están esas prácticas que realizaba el loco de José Morales Baez, quien combinaba los sabores al grado de tener cervezas con sabor a tamarindo con chamoy o coco, kiwi y otras combinaciones exóticas. Incluso intentaron dar con una cerveza especial para la comunidad gay mexicana.
 
A la fecha se termina un almanaque mundial de cervezas artesanales del mundo y entre las 20 marcas principales, de los mercados y de México, la Jack está entre ellas, entre las cervezas más notorias del mundo artesanal.
 
Y lo han hecho estos muchachos que son compañeros de vida. Tienen cuatro hijos, van por una cervecería, lo que no parece ser una buena idea, y ya tendrán tiempo para comenzar a procrear hijos que no tengan grado de alcohol, ni tengan sofisticados sabores. Parte de un proceso de vida.
 
Porque, a la fecha, ya se sabe que José nunca fue sapo ni tuvo que darle un beso a la Princesa Claudia, quien ha estado al lado de su príncipe, que tampoco es tan guapo con los de los cuentos. Ellos si se casaron y fueron felices produciendo cervezas artesanales de destacado sabor.
 
Para comunicarse con los productores ventas@cerveceriajack.com.mx.
 
direccion@universopyme.com.mx