Opinión

El día de la Tierra

Hace unos días se publicó una foto del centro de Beijing en la cual podía observarse una densa nube provocada por la contaminación del medio ambiente. El aumento en la circulación de automóviles, producto del incremento en el ingreso per cápita de la última década, así como el uso indiscriminado de combustibles poco amigables con el ambiente, dan cuenta del problema, que no es exclusivo de esta región del planeta. Recordamos todavía las imágenes de las regiones del país afectadas por la sequía; animales muertos, presas vacías y cosechas perdidas, que contrastan con las imágenes de las inundaciones en diversas partes, no sólo de México, sino en todo el mundo. El frío extremo del pasado invierno en el hemisferio norte causó numerosos estragos y todavía no llega la temporada de lluvias, aunque ya hemos registrado granizadas y encharcamientos en muchos lugares del país. No es sorpresa que todo sea achacado al cambio climático, que está provocando estragos y que al parecer el mundo responde con reacciones que podríamos calificar como tibias, o casi indiferentes.

Es muy común y normal que los gobiernos no tomen medidas extremas para controlar el problema, aunque existe el famoso protocolo de Kioto, la cumbre del planea, el G20 y otros grupos que se reúnen a discutir, nada más, lo mal que van las cosas en la materia, sin hacer nada después de dichas reuniones. Una de las razones de tal actitud es que cualquier decisión que se tome implicará gastar dinero, ya sea del gobierno, o de empresas y sociedad, dinero que es un recurso muy escaso, con múltiples usos alternativos. Exigir el cambio de combustibles implica gastos e inversiones para reorganizar la producción en muchas industrias y muchos, si no es que todos, temen que estos gastos signifiquen perder competitividad en precios, sobre todo si los competidores no los realizan.

El tránsito urbano ha sido identificado como uno de los mayores causantes de contaminación, pero poco se hace por aumentar la eficiencia energética de los sistemas de transporte público de pasajeros y carga, e instrumentar un programa de este tipo en muchos lugares, como nuestro país, significa que los gobiernos deben asignar recursos para apoyar estos programas de modernización. La producción de energía limpia está aumentando, pero no en la cantidad y a la velocidad suficiente, que signifiquen un cambio en el corto plazo, aunque algo deberá hacerse para acelerar el proceso, como lo han sugerido algunos expertos y notables en el tema.

Se dice en economía que este problema de la contaminación es una externalidad, causada por el uso de ciertos combustibles y la solución que normalmente se sugiere es hacer que los agentes privados internalicen el problema. Los impuestos son una medida que se ha utilizado en muchos lugares del mundo para disminuir el uso del automóvil, aunque como lo revela la experiencia reciente en el país, imponer nuevos gravámenes es sumamente impopular. Es verdad que un impuesto o varios impuestos ecológicos podrían solucionar dos problemas a la vez en el país, como son la baja recaudación y la contaminación ambiental; esto ayudaría a disminuir el impuesto sobre la renta y la dependencia de los ingresos petroleros, pero a ver quien lanza la primera piedra.

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