Opinión

El día 

    
1
     

    

Donald Trump (Reuters)

Pues ha llegado el día que nadie esperaba. Donald Trump se convierte hoy en el presidente número 45 de Estados Unidos. Ganó ese puesto gracias al temor prevaleciente en millones de estadounidenses que perciben que su mundo está desapareciendo, y que el control lo tienen los habitantes de las grandes ciudades, los jóvenes, y aquellos que han estudiado. Tanto Barack Obama como Hillary Clinton representaban muy bien a esos grupos ganadores, y los millones con miedo buscaron cómo defenderse. Los convenció un genio de la comunicación contemporánea, un personaje de reality con grandes habilidades para competir en la jungla de Twitter con exabruptos: breves, muy probablemente falsos, pero siempre transmitiendo una emoción, normalmente miedo o enojo.

A partir de hoy, ese personaje en que se convirtió Donald Trump llega a la presidencia. Debido a su evidente ignorancia y escaso control, creo que todos tenemos razón en tener miedo. Es decir, quienes veían su mundo desaparecer no han logrado que ese proceso se detenga, pero sí que su miedo se extienda a todos los demás. Al día de hoy, nadie tiene una idea siquiera de lo que hará el señor Trump en la presidencia. Sus dos temas más usados, comercio y migración, nos han dañado más a nosotros, pero los exabruptos también han tenido impacto en Europa y Asia.

Como lo han dicho muchos comentaristas en Estados Unidos, la elección de Trump no es un asunto normal. No se trata de un republicano que releva a un demócrata. Se trata de un personaje de la televisión más manipuladora, la de los realities, con gran habilidad para transmitir emociones que fijan datos falsos en la mente de sus seguidores. Pasamos de los grandes textos de los Padres Fundadores (en El Federalista, por ejemplo), a través de los discursos, poco a poco más breves y contundentes, hasta llegar a los 140 caracteres. Así se ha ido reduciendo la capacidad de atención del ciudadano promedio, según parece.

Lo de hoy, entonces, es un cambio de época. No sólo no es normal, sino que entramos en un territorio de muy alto riesgo. Por un lado, lo evidente: la ignorancia e intemperancia del personaje, en un entorno global en el que Arabia Saudita, Rusia y China intentan esconder sus problemas económicos con una actitud agresiva, que puede convertirse en un conflicto armado con cierta facilidad.

Pero hay otra dimensión de la novedad que necesitamos entender mejor. Si, como hemos dicho aquí, los fenómenos políticos que vemos no resultan de asuntos económicos sino comunicacionales, entonces debemos considerar que la fuente de legitimidad se está desplazando. Las redes sociales hacen imposible el control de la agenda pública, que ya no se construye en los pasillos del poder, sino en los dispositivos de millones de personas. Esto nos lleva a que cientos de temas dejen de ser asunto de minorías (con todo lo respetable que puedan ser éstas) para convertirse en discusión de la mayoría. Es democracia directa, pero virtual.

Apenas nace, mientras muere la democracia mediática representativa, de manera que los participantes de esta última, con mayor cercanía a las nuevas condiciones, están aprovechando. Eso es Donald Trump. No parece tener las capacidades necesarias para administrar un gobierno normal, y menos uno jaloneado por todo tipo de minorías, ahora 'empoderadas'.

Si usted quería vivir en tiempos interesantes, felicidades. Nunca hubo mejor momento.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
La posverdad de Oxfam
'Reality show'
Trump, es el cambio social