Opinión

El desperdicio del Acueducto del Padre Tembleque

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acueducto

Hace tres años viajé una mañana a la localidad de Axapusco, que se localiza un poco más delante de Teotihuacán, para conocer de la Feria Nacional de Cactáceas que desde hace varios se lleva a cabo en esa localidad del Estado de México, impulsada principalmente por Maribel Ramírez, oriunda del lugar.

Escuché la presentación del evento en un hotel-hacienda, desayunamos y después, para completar el día, fuimos a conocer el Acueducto del Padre Tembleque, a unos cuantos minutos de ahí.

Yo no tenía idea de qué se trataba aquello. La camioneta se salió de la carretera y tomó por un camino de terracería, en medio de un terreno agreste, seco y polvoriento, poblado de matorrales bajos y duros. Pensé entonces que en medio de todo aquello no podría haber nada interesante, pero me quedé con la boca abierta cuando nos apeamos y quedó frente a nosotros el acueducto.

Esa obra hidráulica, edificada hace cuatro siglos y medio, es una construcción portentosa, bella e impresionante, que me hizo pensar en la razón por la cual no es una de las edificaciones coloniales más famosas de México y América Latina.

Porque ahí está, en medio de ese campo, sin que nadie la ponga en el valor que merece, aunque sí hay quien ha logrado apreciar lo que este acueducto significa.

Por ejemplo, en mayo de 2007, la Fundación ICA (de la constructora Ingenieros Civiles Asociados) firmó en Nopaltepec un convenio con los gobiernos del Estado de México e Hidalgo, con el objetivo de restaurar el acueducto y con la mira puesta en que fuera declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, al ser un gran ejemplo, una obra majestuosa, de la ingeniería del siglo XVI.

Quienes firmaron el acuerdo fueron ni más ni menos que Bernardo Quintana, por parte de la Fundación, así como Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Osorio Chong, entonces sendos gobernadores de los estados de México e Hidalgo –el acueducto se extiende entre estas dos entidades– y hoy presidente de la República y secretario de Gobernación, respectivamente.

Entonces se habló de que este monumento era un atractivo turístico con potencial para los municipios mexiquenses de Nopaltepec, Axapusco y Otumba, así como para el hidalguense Zempoala.

Poco más de un año después, en agosto de 2008, el entonces secretario federal de Turismo, Rodolfo Elizondo, realizó una gira de trabajo por la zona y anunció que el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) implementaría un Proyecto Turístico Integral (PTI), “para detonar el potencial turístico y cultural” de la región comprendida por los municipios de Acolman, San Juan Teotihuacán, San Martín de las Pirámides, Otumba, Axapusco y Nopaltepec.

Ahí, Elizondo dijo que la meta era convertir a ese corredor “que alberga a las pirámides de Teotihuacán, así como exhaciendas, monumentos históricos y artísticos” (nunca mencionó al acueducto, como si fuera sólo uno más de los atractivos turísticos de la zona, sin nada excepcional), en un destino con un mejor entorno, vías de comunicación y productos turísticos.

La idea era no sólo atraer turistas, sino captar a una parte de los miles que a diario acuden a Teotihuacán. En esos días, a esa región llegaban millón y medio de visitantes cada año, pero 88 por ciento sólo iba a las pirámides.

También estuvieron ahí Alfredo del Mazo Maza, entonces secretario de Turismo del Edomex y hasta hace poco director de Banobras, cargo que dejó para ser candidato a diputado federal; y Miguel Gómez Mont, el director de Fonatur, que sería cesado en caliente por el presidente Felipe Calderón por haberse visto involucrado en un zafarrancho en el Mundial de Futbol de Sudáfrica.

La buena noticia es que sí, el pasado 5 de julio la UNESCO nombró al Acueducto del Padre Tembleque como Patrimonio Mundial y hoy muchos más ojos voltearán a verlo. La mala es que, del famoso PTI de Fonatur y todo lo que hace años se anunció para convertirlo en un atractivo turístico no se hizo nada, nadie de aquellos personajes hicieron nada al respecto, puro discurso. Esta obra fuera de serie está ahí, en medio del campo, sin ningún tipo de infraestructura turística, bueno, ni un tendejón donde comprar un refresco.

A ver si ahora sí los gobiernos del Edomex e Hidalgo, así como la Secretaría de Turismo del gobierno federal, entienden la joya que tienen en sus manos y hacen algo para compartirla con todos. Al Acueducto del Padre Tembleque, debería haber ríos de gente admirándolo, turistas que ayudarían mucho a la economía local de los pueblos vecinos.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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