Opinión

El descuido de Los Pinos

El gobierno de la República permitió que durante largas semanas se difundiera la idea de que Enrique Peña Nieto es un enemigo de la libertad de los mexicanos en Internet. Si alguien, como se ha especulado, diseñó eso como un elemento distractor dentro de la discusión de las leyes secundarias en telecomunicaciones, ese alguien ahora tendrá que explicarle al presidente que su imagen a nivel internacional ha quedado en este renglón como la de un líder propio de un régimen retrógrada (ver, para empezar, el reportaje al respecto de The Wall Street Journal de ayer).

Un mes ha tardado en salir un vocero del gobierno federal a tratar de explicar que esta administración no pretendía el control de Internet con la propuesta de ley secundaria de telecomunicaciones, presentada el 24 de marzo y donde es clara la ancha y discrecional manga que pretendía confeccionar el gobierno a su favor.

Y si tomamos en cuenta que ese alguien que por fin ha salido esta semana a los medios ha sido un personaje de nulo arrastre mediático –para tan ingrata labor decidieron en Los Pinos que Ignacio Peralta, subsecretario de Comunicaciones de la SCT, fuera el sacrificado–, la conclusión es que no se quiso cuidar al presidente.

Esto es desconcertante. Peña Nieto debe a sus operadores el haber sido incapaces de desactivar una molestia en su contra, que en las redes sociales se convirtió en trending topic mundial. Por si fuera poco, el costo para el mandatario federal ha aumentado gracias al gobierno de la capital. Las fotografías de activistas, algún periodista e incluso personal de la comisión de derechos humanos del Distrito Federal golpeados por policías capitalinos el martes por protestar “contra Peña Nieto” se han convertido en la “prueba” de la cerrazón del gobierno.

Todo hace indicar que el equipo de Peña Nieto olvidó las lecciones de la campaña electoral. En escándalos como los de la Feria Internacional del Libro en diciembre de 2011 aprendieron que el ruido de las redes sociales tenía que ser neutralizado o desactivado antes de que se convirtiera en un tema de noticiarios de televisión y radio. Dos años y medio después Peña Nieto fue de nuevo cliente de los tuiteros. Y no es cierto que al quitarse los polémicos artículos de la ley que podría ser discutida en las próximas horas será visto como un gesto de sensibilidad del presidente, como también se ha llegado a mencionar. Nadie le va agradecer el haber reconocido que su ley habría servido para tentaciones autoritarias.

¿Qué habrá sido de aquel equipo ágil del hoy presidente que en la campaña aprendía rápido de los errores y corregía con la misma celeridad? ¿Dónde habrá quedado el grupo que buscaba dotar al nuevo mandatario de una imagen sobria y moderna? ¿Cuál habrá sido el tema de la agenda que quisieron privilegiar desde Los Pinos durante todo abril? Al cierre del mes, las reformas están atoradas, las malas noticias de la economía no cesan, Michoacán ya no da más como propaganda de éxito gubernamental… Lo único que quedará del mes será la idea de que Peña Nieto quiso censurar Internet. Increíble.